"Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana”. Santiago 1:26
Cuando Dios hace la obra de redención en la vida de una persona, comienza a hacer una obra de transformación interior. El trabaja en el corazón de la persona de manera que Su Espíritu Santo toma el control de esa vida, por medio de Jesucristo en esa persona.
Si nos profesamos cristianos debemos andar bajo la guianza del Señor, por lo tanto, también nuestra lengua estará sometida a Su voluntad. Una lengua desenfrena es un fuego, un mundo de maldad que contamina todo nuestro cuerpo y ella misma es estimulada por el infierno, dice Santiago 3:6.
Es lamentable el hecho de que hay quienes llamándose cristianos, no parecen hacer ni siquiera el intento de controlar lo que sale de su boca, y por el contrario, se ufanan de “disparar misiles”.
Si no tenemos el dominio de nuestra lengua, nuestra profesión de fe es una farsa. Detectemos qué tan controlada esta nuestra lengua, para que tengamos la medida de cuán sujeto a Cristo está nuestro corazón.