El ahora cuenta para siempre
Por R. C. Sproul
Hace algunos treinta años, mi colega y amigo cercano, Archie Parrish, que en aquel tiempo dirigía el programa Explosión Evangelística (EE) en Fort Lauderdale, vino con una petición. El indicó que en las miles de visitas evangelísticas que los equipos de EE hicieron, ellos mantuvieron un récord de respuestas que las personas daban a las discusiones sobre el evangelio. Ellos recopilaron las preguntas y objeciones más frecuentes que las personas hacían sobre la fe Cristiana, y agruparon estos cuestionamientos u objeciones en las diez más frecuentemente encontradas. El Dr. Parrish preguntó si yo podría escribir un libro respondiendo esas objeciones para que los evangelistas pudieran usarlo en sus jornadas. Ese esfuerzo resultó en mi libro Objeciones Respondidas, ahora llamado Razones para Creer. Entre las diez objeciones más presentadas está la objeción de que la iglesia está llena de hipócritas. En aquel tiempo, el Dr. D. James Kennedy respondía a esta objeción diciendo, “Bueno, siempre hay espacio para uno más.” El advertía a las personas que si encontraban la iglesia perfecta, ellos no debían unirse a ella pues la arruinarían.
El término hipócrita viene del mundo del drama Griego. Se utilizaba para describir las máscaras que los actores usaban para dramatizar ciertos roles. Aun hoy, el teatro es simbolizado por las dos mascaras de comedia y tragedia. En la antigüedad, algunos actores interpretaban más de un rol, y ellos indicaban su rol sosteniendo la máscara frente a sus caras. Ese es el origen del concepto de hipocresía.
Pero la acusación de que la iglesia está llena de hipócritas es evidentemente falsa. Aunque ningún Cristiano alcanza la medida completa de la santificación en esta vida, el que luchemos constantemente con el pecado no produce un veredicto justo de hipocresía. Un hipócrita es alguien que hace cosas que dice no hacer. Los que observan la iglesia Cristiana desde afuera ven a personas que profesan ser Cristianos y observan que ellos pecan. Ya que ellos ven pecado en las vidas de los Cristianos, ellos se apresuran a juzgar a estas personas como hipócritas. Si una persona dice estar sin pecado y luego muestra pecado, seguramente esa persona es hipócrita. Pero que un Cristiano simplemente demuestre ser pecador no lo condena por hipocresía.
La lógica invertida se parece a esto: Todos los hipócritas son pecadores. Juan es un pecador; por lo tanto, Juan es un hipócrita. Cualquiera que conozca la leyes de la lógica sabe que este silogismo no es válido. Si simplemente cambiáramos la acusación “la iglesia está llena de hipócritas” a “la iglesia está llena de pecadores”, nos apresuraríamos a declararnos culpables. La iglesia es la única institución que conozco que requiere una admisión de ser pecador para poder ser miembro. La iglesia está llena de pecadores porque la iglesia es el lugar donde los pecadores que confesan sus pecados van para encontrar redención de sus pecados. Así que, en este sentido, el solo hecho de que la iglesia esté llena de pecadores no justifica la conclusión de que la iglesia está llena de hipócritas. Nuevamente, toda hipocresía es pecado, pero no todo pecado es el pecado de la hipocresía.
Cuando vemos el problema de la hipocresía en la era del Nuevo Testamento, lo vemos expuesto de la manera más clara en las vidas de aquellos que dijeron ser los más justos. Los Fariseos eran un grupo de personas que por definición se veían a sí mismos como separados de la pecaminosidad normal de las masas. Ellos empezaron bien, buscando una vida de piedad devota y sumisión a la ley de Dios. Sin embargo, cuando su comportamiento no alcanzó sus ideales, ellos empezaron a involucrarse en pretensión. Ellos fingían ser más justos de lo que realmente eran. Ellos daban una fachada exterior de rectitud, que apenas servía para esconder una corrupción radical en sus vidas.
Aunque la iglesia no está llena de hipócritas, no se puede negar que la hipocresía es un pecado no se limita o restringe a los Fariseos del Nuevo Testamento. Es un pecado con el que los Cristianos deben lidiar. Un estándar alto de comportamiento recto y espiritual ha sido impuesto para la iglesia. A menudo nos avergonzamos cuando no alcanzamos estas metas altas y nos inclinamos a fingir que hemos alcanzado un nivel de justicia más alto del que realmente hemos alcanzado. Cuando hacemos eso, nos ponemos la máscara del hipócrita y estamos bajo el juicio de Dios por ese pecado particular. Cuando nos encontramos enredados en este tipo de pretensión, una alarma debe activarse en nuestros cerebros e indicarnos que debemos correr de vuelta a la cruz y a Cristo, y entender dónde reside nuestra verdadera justicia. Debemos encontrar en Cristo, no una máscara donde esconder nuestras caras, sino un guardarropas completo, que es Su justicia. Ciertamente, es sólo bajo la apariencia de la justicia de Cristo, recibida por fe, que cualquiera de nosotros puede tener alguna esperanza de pararse frente a un Dios santo. Usar la vestimenta de Cristo en fe no es un acto de hipocresía. Es un acto de redención.
El Dr. R. C. Sproul es fundador y presidente de Ministerios Ligonier, y es autor de los libros Razón para Creer (Reason to Believe) y Sacerdote con Vestimentas Sucias (The Priest with Dirty Clothes).
¿Unidad a expensas de la Verdad?
Título Original: Hechos Sobre Credos
Por Gary L. W. Johnson
El Reformador Inglés Hugh Latimer una vez comentó, “Nunca debemos ver la unidad de tal manera que podríamos o deberíamos abandonar la Palabra de Dios por su causa.” Palabras sabias de un hombre que lo puso todo en juego en vez de comprometer la verdad del evangelio.
Para aquellos cuya sola preocupación es la apariencia de unidad visible entre todos aquellos que se llaman a sí mismos Cristianos, la resolución de Latimer resulta nada atractiva. Los de esta persuasión nos dicen repetidamente que la mayor falla de la iglesia es su deplorable falta de unidad visible. Apelan constantemente a las palabras de Jesús en Juan 17, ¡y aquellos que no se unen a este esfuerzo son retratados como serios disidentes de Jesús! Esta abominable falta de unidad visible, según ellos, es nuestro mayor pecado. ¿Y a qué se debe culpar por este atroz estado de asuntos? La Doctrina—o para ser más precisos—distinciones doctrinales. Ahora, se nos dice que asuntos como el lema de la Reforma sola fide, la doctrina de expiación sustitucionaria penal y, particularmente, la desagradable idea de castigo eterno y la exclusividad de salvación sólo a través de Cristo son un impedimento para establecer la unidad Cristiana visible. ¿Pero fue esta idea de unidad visible la intención de Cristo en Su suprema oración sacerdotal en Juan 17? La preocupación de nuestro Señor, como señaló Robert Lewis Dabney el siglo pasado, es la unidad espiritual. La petición de unidad visible no sólo es extraña al texto, esta demanda constituye, según Dabney, un error garrafal. Es, de hecho, un ídolo utilizado para ahogar cualquier disensión legítima, y, permítanme añadir, es fatal para la salud y el bienestar de la iglesia. Me recuerda al comentario de Francis Bacon, el notado filósofo y estadista Inglés de antaño: “La unidad formada por conveniencia está, en realidad, fundamentada sobre una ignorancia implícita. Como todos saben, todos los colores se verán iguales en la oscuridad.” Los tiempos han cambiado y frecuentemente se nos recuerda que tenemos que cambiar con ellos. Si no lo hacemos, seremos percibidos como anticuados y atrasados.
En nuestros tiempos posmodernos, la “tolerancia” se valora más que la verdad, y la verdad, al igual que la belleza, está en los ojos de quien la mira; por lo tanto, debe ser extendida a todos, excepto a los críticos y desagradables exponentes de la verdad que se atienen a verdades absolutas o, en el lenguaje teológico, a aquellos que buscan mantener la ortodoxia histórica. Trágicamente, muchos que profesan ser evangélicos están adoptando de una manera festiva una mentalidad distintivamente no-doctrinal en lo que se refiere a definir su fe. En parte, este triste estado puede rastrearse a la suposición crédula y descaradamente ingenua de que la cultura que nos rodea es neutra en cuanto a valores y, por lo tanto, no es dañina. Esto se manifiesta en la idea de que como todas las cosas son primariamente un asunto de preferencia personal (como los diferentes estilos de vida), entonces debemos celebrar la diversidad suspendiendo el juicio sólo a “vive y deja vivir”. Los Cristianos que terminar creyendo esta idea no reconocen que, al hacer eso, están violando la advertencia del apóstol Pablo en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo.” A pesar del hecho de que este tipo de neutralidad acentúa la diversidad, sólo lo hace de palabra. La conformidad es lo que realmente lo motiva. El criterio por el que la neutralidad busca la conformidad es la autonomía humana, puro y simple. No es sorprendente que este deseo de conformidad tenga un notable paralelo en los círculos Cristianos—la demanda de unidad visible.
Recientemente, el lema “hechos sobre credos” ha capturado nuevamente la imaginación del mundo evangélico. Por más atractivo que suene, hay un precio muy alto que pagar aquí. ¿Cómo así? Según esta asunción, realmente no importa cuál es su denominación (Católicos Romanos, Ortodoxos Orientales, Pentecostales o Bautistas). Lo único que importa, aparentemente, es nuestro amor a Jesús—todo lo demás no importa mucho. Esta no es la primera vez que hemos escuchado este enfoque. Hace más de una década, los Guardadores de Promesa marcharon por este mismo camino. En su conferencia “Aprovecha el momento” de 1994 en Pórtland, el fundador Bill McCartney dijo, “A los Guardadores de Promesa no les importa si eres Católico. ¿Amas a Jesús? ¿Has nacido del Espíritu de Dios?” El una vez presidente de los Guardadores de Promesa Randy Phillips continúa: “…cualquiera que sea la denominación, no debe dividirnos. …todos los hombres son bienvenidos, ya seas Bautista, Pentecostal o Católico Romano. Si estás en el cuerpo de Cristo, entonces ciertamente debes ser bienvenido” (Albert James Dager, Media Spotlight, “Guardadores de Promesa: ¿Es lo que ves lo que obtienes?” (“Promise Keepers: Is What You See What You Get?”) pag. 20). Pero no era simplemente una cuestión de denominaciones. Si ese es el caso, entonces la posición oficial de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días no debe ser una preocupación. Si individuos Mormones dicen amar a Jesús y ser nacidos del Espíritu, ¿por qué deben ser excluidos?
Muchos evangélicos apoyan abiertamente este mismo asunto: hechos sobre credos.
“Hechos sobre credos” está destinado a producir el tipo de unidad que está plagada de impureza doctrinal.
Pero como resulta ser, los credos realmente sí importan. Cualquier unidad como el tipo de unidad que se nos exige, formada aparte de credos y la necesidad de ellos, está destinada a producir el tipo de unidad que está plagada de impureza doctrinal. Es el tipo de impureza que en el análisis final termina comprometiendo la verdad del evangelio. Esto es un precio muy alto que pagar por causa de la unidad visible.
El Dr. Gary L. W. Johnson es el pastor principal de la Iglesia del Redentor en Mesa, Arizona, y es un editor de Sólo por Fe: Respondiendo los Desafíos de la Doctrina de la Justificación (By Faith Alone: Answering the Challenges to the Doctrine of Jsutification).
¿Debo irme o debo quedarme?
El momento correcto e incorrecto para dejar un iglesia
Por R. Albert Mohler
¿Cuándo debe un Cristiano evangélico separarse de una iglesia? En estos días se hace esa pregunta frecuentemente, y eso delata más de un problema en el Cristianismo contemporáneo. Demasiados miembros de una iglesia se han convertido en compradores de iglesia. El concepto Bíblico de eclesiología ha dado paso a una forma de consumismo en la que los individuos salen a comprar la iglesia que parece gustarles más en ese momento. El problema puede involucrar la alabanza y la música, las relaciones, la enseñanza o un sinnúmero de otras cosas. Sin embargo, el patrón es el mismo—las personas sienten la libertad de dejar una congregación por otra por prácticamente cualquier razón, o por ninguna razón en absoluto.
La compra de iglesias viola la integridad de la misma y el significado de la membresía de la iglesia. Cuando los miembros se van por razones insuficientes, la comunión de la iglesia es rota, su testimonio es debilitado, y la paz y la unidad de la congregación son sacrificadas. Trágicamente, un entendimiento superficial de la membresía a la iglesia destruye nuestro testimonio al evangelio de Cristo.
No hay excusa para este fenómeno. No tenemos el derecho de dejar una iglesia por preferencias musicales, gusto personal o incluso la programación que no cumple con nuestras expectativas. Estas controversias o preocupaciones deben mover al Cristiano fiel a considerar cómo él puede ayudar a encontrar y forjar una mejor manera, en vez de trabajar para encontrar una excusa para irse.
Los Cristianos no pueden ver estas preguntas simplemente como un asunto de consumismo. Estamos llamados a amar a la iglesia y a orar por su paz y unidad, no a buscar una oportunidad para mudarnos a otra congregación.
Hay momentos, sin embargo, en los que está correcto separarnos de una congregación o denominación. Pero en tales casos, el problema no es la preferencia sino la teología.
Ninguna congregación o denominación es perfecta, y las conversaciones doctrinales son a menudo una señal de salud congregacional. La pregunta de separación de una iglesia sólo debe surgir cuando un asunto de urgente importancia teológica está en juego—cuando quedarse violaría la integridad y el testimonio del evangelio.
Al final, la única razón suficiente para separarse de una iglesia es teológica. Un Cristiano fiel debe separarse de una congregación o denominación cuando ese cuerpo rechaza obstinadamente los esfuerzos de corrección doctrinal sobre un asunto de real importancia.
Dicho esto, la dificultad viene en el punto de vista de esta afirmación. La historia de la iglesia Cristiana incluye varios relatos alentadores y emocionantes de congregaciones, denominaciones e instituciones Cristianas que, una vez comprometidas con doctrinas aberrantes y herejía abierta, luego fueron convencidas de su error y corregidas por la Biblia.
Tristemente, hay una mayor lista de iglesias y denominaciones que se han rehusado y han rechazado todos los intentos de corrección. Una vez comprometidos a una trayectoria de error doctrinal y herejía, muchas iglesias se resisten completamente a ser corregidas por la Palabra de Dios.
El primer problema difícil que enfrentamos yace en definir qué tipo de problemas doctrinales ameritan esta urgencia. Esto requiere una estructura de un cuidadoso análisis teológico arraigado en una consideración seria de cuáles asuntos son de mayor importancia—las enseñanzas y creencias falsas que podrían, si se mantienen obstinadamente, exigir una separación.
Los Cristianos de hoy se enfrentan a la gran tarea de estrategizar cuáles doctrinas Cristianas y asuntos teológicos tienen la mayor prioridad en términos de nuestro contexto contemporáneo. Esto aplica a ambos, la defensa pública del Cristianismo frente al cuestionamiento secular, y la responsabilidad interna de lidiar con los desacuerdos doctrinales. Ninguna es una tarea fácil, pero la seriedad y la madurez teológica demandan que consideremos los asuntos doctrinales en términos de su importancia relativa. La verdad de Dios debe ser defendida en cada punto y detalle, pero los Cristianos responsables deben determinar cuáles asuntos merecen atención de primer orden en momentos de crisis teológica.
Desde hace tiempo, he luchado por lo que llamo una estructura de triaje teológico. Me encontré con este concepto por primera vez en una sala de emergencia de un hospital. Allí se observa el proceso de triaje médico. Este proceso permite que el personal entrenado haga una evaluación rápida de la urgencia médica relativa. Dado el caos del área de recepción de una sala de emergencias, alguien debe estar equipado con la pericia médica para determinar inmediatamente cuál es la prioridad médica. ¿Cuáles pacientes deben ser llevados a cirugía de inmediato? ¿Cuáles pacientes pueden esperar para una evaluación de menor urgencia? El personal médico no puede vacilar en hacer estas preguntas y en tomar la responsabilidad de darle a los pacientes con necesidades más criticas una mayor prioridad en términos de tratamiento.
La palabra triaje proviene de la palabra francesa trier, que significa “clasificar”. La misma disciplina que trae orden a la arena agitada de la sala de emergencia también puede ofrecer gran ayuda a los Cristianos que defenden la verdad en la presente era. Debemos aprender a clasificar los problemas teológicos y doctrinales como parte de nuestra responsabilidad Cristiana.
Con esto en mente, yo sugeriría tres diferentes niveles de urgencia teológica, cada uno correspondiente a una serie de problemas y prioridades teológicas encontradas en los debates doctrinales actuales.
Los problemas teológicos de primer nivel incluirían aquellas doctrinas más centrales y esenciales para la fe Cristiana. Incluidas entre estas doctrinas cruciales estarían doctrinas como la Trinidad, la completa deidad y humanidad de Jesucristo, la justificación sólo por fe, y la autoridad de la Escritura. Estas doctrinas de primer orden representan las verdades más fundamentales de la fe Cristiana, y una negación de estas doctrinas representa nada menos que una negación eventual del Cristianismo mismo.
Sin una afirmación de la Trinidad, no hay Cristianismo verdadero. Sin una afirmación de la completa deidad y humanidad de Cristo, no hay evangelio. Sin una afirmación de las doctrinas esenciales del evangelio de Cristo, no hay mensaje salvador en el Cristianismo.
Estas doctrinas de primer orden incluirían el nacimiento virginal de Cristo, Su resurrección corporal y otras doctrinas enseñadas claramente en la Biblia y necesarias para entender quién es Cristo y lo que su expiación logró. Por lo tanto, la justificación sólo por fe también se encuentra en esta categoría de primer orden, porque sin esta verdad, la iglesia cae.
La serie de doctrinas de segundo orden se distinguen de la serie de primer orden por el hecho que los creyentes Cristianos pueden no estar de acuerdo en los asuntos de segundo orden, aunque este desacuerdo creará barreras significativas entre los creyentes. Cuando los Cristianos se organizan en congregación y formas denominacionales, estas barreras se hacen evidentes.
Los asuntos de segundo orden incluirían el significado y la modalidad del bautismo. Los Bautistas y los Presbiterianos, por ejemplo, desacuerdan fervientemente sobre el entendimiento más básico del bautismo Cristiano. La práctica del bautismo de infantes es inconcebible para la mente Bautista, mientras que los Presbiterianos trazan el bautismo de infantes a su más básico entendimiento del pacto. Estando de acuerdo en las doctrinas de primer orden, los Bautistas y los Presbiterianos se reconocen el uno al otro como creyentes Cristianos, pero reconocen que su desacuerdo en asuntos de esta importancia les impide la comunión dentro de la misma congregación o denominación.
Los asuntos de primer orden determinan la identidad e integridad Cristiana. Los asuntos de segundo orden determinan la eclesiología. Los asuntos de tercer orden son doctrinas en la que los Cristianos pueden tener desacuerdos y permanecer en comunión íntima, aún dentro de congregaciones locales. Yo diría que la mayoría de los debates son sobre la escatología, por ejemplo, en esta categoría. Los Cristianos que afirman el regreso corporal, histórico y victorioso del Señor Jesucristo pueden diferir en el tiempo y la secuencia sin romper con la comunión de la iglesia.
Los Cristianos pueden encontrarse en desacuerdo por un sinnúmero de problemas relacionados a la interpretación de los textos difíciles o el entendimiento de asuntos de desacuerdo común. No obstante, estando de acuerdo en los asuntos de más urgente importancia, los creyentes pueden aceptarse el uno al otro sin compromiso cuando los asuntos de tercer orden están en duda.
Los Cristianos nunca deben separarse de una iglesia por asuntos de tercer orden, mucho menos por asuntos que ni siquiera llegan a tener esta importancia. Los creyentes en Cristo están obligados a atender todos los problemas de verdad bíblica como está incluido dentro de nuestra mayordomía del evangelio; pero el Nuevo Testamento deja en claro que, aunque la unidad en lo esencial es vital, la diversidad en otras cuestiones no debe amenazar la unidad de la iglesia.
En nuestros días, los asuntos como la homosexualidad y las mujeres en el pastorado representan problemas que tensan nuestros intentos de triaje. Un rechazo de la autoridad de la Biblia en un asunto como la homosexualidad es un problema teológico—no simplemente una controversia moral. Ninguna iglesia puede permanecer dividida en esta cuestión, y ningún creyente fiel debe permanecer en una iglesia que se rehúsa a atenerse a la Palabra de Dios. Una iglesia que ordena a mujeres como pastores puede ser ortodoxa en muchos otros asuntos, pero en esta cuestión, se pone contra la Escritura.
En tantas iglesias y denominaciones, este rechazo obstinado a ser corregido por la Escritura les presenta a los creyentes fieles una decisión difícil—pero permanecer en una iglesia que rechaza obstinadamente la corrección no es una opción. Los esfuerzos para la “renovación” en muchas de estas iglesias han sido rechazados constantemente. En algún punto, el rechazo a separarse se convierte en complicidad con la herejía.
De cierto, estas son preguntas difíciles, pero el creyente serio debe ser extremadamente cuidadoso al considerar cuándo quedarse y cuándo irse. Al final, el asunto decisivo debe ser la verdad, y la decisión debe ser hecha con oración, congoja y resolución.
No desperdicies tu Cáncer
Por John Piper
Estoy escribiendo estas palabras en la víspera de una cirugía de cáncer en mi próstata. Creo en el poder de Dios para sanar – por medio de un milagro y de la medicina. Se que es cierto y bueno orar por los dos tipos de cura. El cáncer no es desperdiciado al ser curado por Dios. Él recibe la gloria – esto porque el cáncer existe. Entonces no orar por la cura puede desperdiciar el cáncer. Pero la cura no es el plan de Dios para todos. También existen muchas otras formas de desperdiciar su cáncer. Estoy orando por mí y por usted, para que no desperdiciemos este dolor.
1. Usted desperdiciará su cáncer cuando no crea que esto fue planeado por Dios.
No diga que Dios sólo usa nuestro cáncer pero que no lo planea. Lo que Dios permite, Él lo hace por una razón. Esta razón es Su voluntad. Si Dios prevé desarrollos moleculares que llegan a ser cancerígenos, ¿Él puede detener esto o no? Si no, Él tiene un propósito. Por ser infinitamente sabio, es correcto llamar este propósito de plan. Satanás es real y causa muchos placeres y dolores. Pero él no es la causa última. Así, cuando él atacó a Job con úlceras (Job 2.7), Job lo atribuyó a Dios (2.10), y el escritor inspirado concuerda: “y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él” (Job 42.11). Si usted no cree que el cáncer fue planeado por Dios, usted lo desperdiciará.
2. Usted desperdiciará su cáncer cuando crea que él es una maldición, y no una bendición.
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8.1). “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros” (Gálatas 3.13, LBA). “Porque contra Jacob no hay agüero, Ni adivinación contra Israel” (Números 23.23). “Porque sol y escudo es Jehová Dios; Gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad” (Salmo 84.11)
3. Usted desperdiciará su cáncer cuando busque descanso en sus fuerzas en vez de buscarlo en Dios.
El plan de Dios en relación a su cáncer no es entrenarlo en el cálculo de oportunidades racionalistas y humanas. El mundo encuentra descanso en estadísticas. Los cristianos no. Algunos confían en sus autos (porcentaje de sobrevivencia) y otros confían en sus caballos (efectos colaterales del tratamiento), pero nosotros confiamos en el nombre del Señor, nuestro Dios (Salmo 20.7). El plan de Dios es claro en 2 Corintios 1.9: “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos”. El objetivo de Dios con relación a su cáncer (entre varias oras buenas cosas) es derrotar la confianza en nuestro corazón para que podamos descansar completamente en Él.
4. Usted desperdiciará su cáncer cuando se rehúse a pensar en la muerte.
Todos nosotros moriremos en el caso que Jesús no retorne en nuestros días. No pensar en cómo sería dejar esta vida y encontrarse con Dios es absurdo. Eclesiastés 7.2 dice: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón”. ¿Cómo podría aplicar esta verdad en su corazón si no piensa en ella? Salmos 90.12 dice: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría”. Contar los días significa pensar cuan pocos son ellos y que ellos terminarán. ¿Cómo conseguirá un corazón sabio si usted se rehúsa a pensar en esto? Que desperdicio es cuando no pensamos en la muerte.
5. Usted desperdiciará su cáncer cuando piense que “vencerlo” significa sobrevivir y no aproximarse a Cristo.
Los planes de Dios y los planes de Satanás para su cáncer no son los mismos. Satanás desea destruir su amor por Cristo. Dios planea profundizarlo. El cáncer no vencerá si usted muere lo que hará será aproximarlo a Cristo. El plan de Dios es privarlo del alimento del mundo y satisfacerlo con la suficiencia de Cristo. Esto tiene el objetivo de ayudarlo a decir: “estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor”. Y saber, por lo tanto, que “el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 3:8; 1:21).
6. Usted desperdiciará su cáncer cuando gaste mucho tiempo leyendo sobre el cáncer y no lo suficiente al respecto de Dios.
No es errado leer sobre el cáncer. Ignorancia no es virtud. Pero, el deseo de saber más y más, y la falta de celo por el conocimiento continuo de Dios es sintomático de incredulidad. El objetivo del cáncer es recordarnos de la realidad de Dios, poner sensaciones y fuerzas en el mandamiento “conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová” (Oseas 6.3), recordarnos de la verdad de Daniel 11.32: “mas el pueblo que conoce a su Dios se mostrará fuerte y actuará”, volvernos árboles indestructibles y firmes: “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, Que da su fruto en su tiempo, Y su hoja no cae; Y todo lo que hace, prosperará.” (Salmos 1.2,3). Que desperdicio es leer todo el día sobre el cáncer y nada al respecto de Dios.
7. Usted desperdiciará su cáncer cuando se aísle en vez de profundizar sus relaciones manifestando afección.
Cuando Epafrodito trajo los presentes enviados por la Iglesia de Filipos a Pablo, él se enfermó y casi murió. Pablo dijo a los filipenses: “porque él tenía gran deseo de veros a todos vosotros, y gravemente se angustió porque habíais oído que había enfermado” (Filipenses 2.26). ¡Que reacción maravillosa! No dice que estaban angustiados porque Epafrodito estaba enfermo, sino que él estaba angustiado porque los filipenses oyeron que él estaba enfermo. Este es el tipo de corazón que Dios pretende crear con el cáncer: el corazón profundamente afectivo y preocupado de las personas. No desperdicie su cáncer volviéndose a usted mismo.
8. Usted desperdiciará su cáncer cuando se entristezca como quien no tiene esperanza.
Pablo usa esta expresión para designar a personas cuyos seres queridos habían muerto: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.” (1 Tesalonicenses 4.13). Hay tristeza en la muerte. Cuando es un creyente el que muere, hay una pérdida temporal – la pérdida del cuerpo, de seres queridos y del ministerio terrenal. Sin embargo la tristeza es diferente – es perneada por la esperanza: “pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Corintios 5.8). No desperdicie su cáncer poniéndose triste como quien no tiene esperanza.
9. Usted desperdiciará su cáncer cuando trate con el pecado igual que antes.
¿Sus pecados “favoritos” siguen tan atractivos como antes de tener cáncer? Si la respuesta fue afirmativa, entonces usted está desperdiciando su cáncer. El cáncer fue planeado para destruir el apetito por el pecado.
Orgullo, avaricia, lujuria, odio, falta de perdón, impaciencia, prejuicio – todos estos son adversarios que el cáncer debe atacar. No piense en sólo luchar contra el cáncer. Piense también en usarlo. Todas estas cosas son peores que el cáncer. No desperdicie el poder del cáncer para debilitar estos adversarios. Deje que la presencia de la eternidad vuelva sus pecados temporales tan débiles como ellos realmente son. “Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?” (Lucas 9.25).
10. Usted desperdiciará su cáncer cuando falle en utilizarlo como medio de testimoniar la verdad y la gloria de Cristo.
Los cristianos nunca se encuentran en determinado lugar por accidente. Existen razones por las cuales somos llevados donde estamos. Considere lo que Jesús dijo sobre circunstancias inesperadas y dolorosas: “antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre. Y esto os será ocasión para dar testimonio” (Lucas 21.12-13). Lo mismo ocurre con el cáncer. Esa será una oportunidad para testimoniar. Cristo es infinitamente digno. Aquí hay una oportunidad de oro para mostrar que cristo vale más que la vida. No la desperdicie.
Recuerde que usted no fue dejado sólo; tendrá la ayuda necesaria: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
Tomado de "Reformado, Reformándome", escrito por John Piper
Por: Elizabeth George
Dios el Señor dijo: «No es bueno que el hombre esté solo.
Voy a hacerle una ayuda adecuada». GÉNESIS 2:18
Era un soleado día de otoño en la universidad de Oklahoma. Mientras me apresuraba hacia mi primera clase después del almuerzo, me fijé en él de nuevo. Parecía que cada lunes, miércoles y viernes se cruzaban nuestros caminos dado que él, también, iba deprisa hacia su clase. Su nombre, Jim George, era desconocido para mí en ese tiempo, pero parecía muy agradable, guapo, ¡y me encantaba su sonrisa! Pues bien, era evidente que él se fijaba también en mí, pues pronto un amigo mutuo nos presentó.
Eso fue en noviembre de 1964. Nos comprometimos en el Día de los Enamorados, y nuestra boda se celebró el primer fin de semana después de terminar los estudios, el 1 de junio de 1965 Eso fue hace treinta y cinco años, y me encantaría poder decir: «Eso fue hace treinta y cinco años maravillosos, dichosos y felices», pero no puedo. Verás, Jim y yo comenzamos nuestro matrimonio sin Dios, y eso significa tiempos difíciles. Desde el principio andábamos a tientas, discutíamos y nos desilusionábamos el uno al otro. Debido a que no podía encontrar satisfacción en nuestro matrimonio, nos volcábamos en causas, amigos, pasatiempos y actividades intelectuales. El tener dos hijas tampoco llenaba el vacío que sentíamos los dos. Nuestra vida matrimonial fue una monotonía durante ocho frustrantes años hasta que, por un acto de la gracia de Dios, nos convertimos en una familia cristiana, una familia centrada en Jesucristo como la cabeza, una familia con la Biblia para guiarnos.
Tenía mucho que aprender sobre ser una mujer, una esposa y una madre que agradara a Dios, y como comencé leyendo la Biblia de principio a fin, Dios se dispuso a trabajar en mi transformación. Pronto me encontré con la primera tarea de mi misión como esposa cristiana: Debía servir a Jim. Marqué estas palabras en mi Biblia: «No está bien que el hombre esté solo. Voy a hacerle alguien que lo acompañe y lo ayude» (Génesis 2:18). Desde ese día hasta hoy, cada mañana le hago estas dos preguntas a Jim:
«¿Cómo puedo ayudarte hoy?»
«¿Cómo puedo ayudarte a hacer mejor uso de tu tiempo hoy?»
Deseo llegar a ser una mejor ayudadora. ¿Qué me dices de ti?
Padre de toda creación ...
Gracias por mi sublime papel de «ayudadora».
Permite que siga los sagrados pasos de tu Hijo,
quien vino a servir... no a que lo sirvieran.
Tomado del libro "Palabras de Aliento para Una mujer conforme al Corazón de Dios", Por Elizabeth George
Un Legado de Amor
Por: Elizabeth George
Jesus [...] anduvo haciendo el bien. (Hechos 10:38)
Nuestra familia ha sido bendecida en gran medida por la madre de Jim. ¡Deberías escuchar la lista de Jim de las muchas “pequeñas cosas” que la querida Lois hizo por él! Para ser sincera, hizo que me fuera difícil ser esposa. ¿Por qué? Porque le gustaba su cocina y le encantaba llenar a Jim y a su papa con sus manjares caseros. Y le encantaba lavar, deleitándose en restregar cada mancha de toda la ropa que vestirían sus dos «hombres». Y ese deleite se extendía a su apego por la plancha; lo cual se extendía a planchar las sábanas de Jim... ¡y hasta su ropa interior! (Ahora verás por qué fue un poco dificil para mí, que era una despistada, ¡venir detrás de ella como proveedora de cuidados de Jim!). Pero en serio, ¡la madre de Jim era una santa! El tiene vívidos y cálidos recuerdos para toda la vida que se centran en el hogar de su niñez.
El amor de Lois encontraba su máxima expresión en su propio hogar hacia los más amados para ella. Y, como es cierto en cualquier vasija que está llena, su bondad se desbordaba hacia sus projimos, esos en su iglesia y en su comunidad, incluso muchos misioneros alrededor del mundo. Más adelante, como viuda, Lois dejó su casa y se mudó para estar cerca de Jim y su familia... con el propósito de ministrarnos su amorosa bondad. Y, una vez más, los de la iglesia recibieron la abundancia de su bondad, mientras conducía para otras viudas hacia la iglesia, preparaba comidas y animaba a otros de palabras, así como en forma monetaria. No se le puede poner precio al legado de amor que dejó atrás Lois.
Sí, esas son «pequeñas cosas», pero son invaluables regalos de bondad y amabilidad ofrecidos por solo una pequeña niña piadosa ... que creció y se convirtió en una pequena esposa piadosa ... que llegó a ser una pequeña madre piadosa... que se transformó en una pequeña suegra piadosa... que vino a ser una pequeña abuela piadosa... que se volvió en una pequeña viuda piadosa... que llegó a ser una pequeña santa piadosa cuyo impacto fue de tanta repercusion que la capilla de nuestra iglesia se llenó para su culto fúnebre con las personas que dieron testimonio de sus muchas «pequeñas» obras piadosas.
Es mi oracion que este modelo de una vida piadosa dedicada a la piadosa bondad sea una realidad en mí también. Y pido lo mismo para ti, amada.
Padre de todas las “pequeñas cosas”...
Gracias por la magnitud de tu inefable regalo de la salvación y la vida eterna.
Ayúdame a extender el regalo de tu amor a otros a través de una multitud de "pequeñas cosas".
Tomado del libro "Palabras de Aliento para Una mujer conforme al Corazón de Dios", Por Elizabeth George
Cultiva un corazón de oración
Por: Elizabeth George
Oren en el Espíritu en todo momento, Con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos. (Ef. 6:18)
Recuerdo con mucha claridad un día especial en particular. Era mi décimo cumpleaños espiritual y un punto de cambio significativo.
Después que dejé a mis dos hijas en la escuela y a Jim en el trabajo, me senté en mi escritorio en el cuarto de estar, sola en la casa con el único sonido del tictac de nuestro reloj de pared . Descansando allí ante Dios y regocijándome de una década de ser su hija, rememoré esos diez años. Aunque a veces fueron difíciles la gran misericordia de Dios, su sabiduría en cada circunstancia y su cuidado en guiarme y guardarme fueron muy obvios también.
Abrumada de gratitud, elevé mi corazón y oré: «Señor, ¿qué ves que falta en mi vida cristiana? ¿Qué necesita atención mientras comienzo una nueva década contigo?». Dios pareció responderme de inmediato al traerme a la mente un aspecto de gran lucha personal y fracaso: mi vida de oración.
Ah, había tratado de orar. Sin embargo, cada nuevo esfuerzo duraba, en el mejor de los casos, sólo unos días. Apartaba tiempo para Dios, leía mi Biblia y luego inclinaba obediente mi cabeza, sólo para murmurar unas palabras comunes que en esencia se resumían a: «Dios, por favor, bendíceme a mí y a mi familia hoy». Sin duda, Dios se proponía que la oración fuera más que eso, pero parece que yo no podía hacerlo.
No obstante, en ese cumpleaños espiritual extendí la mano para tomar un librito de páginas en blanco que mi hija Katherine me regaló por el Día de las Madres cuatro meses antes. Lo tenía sin uso encima de la mesita de la sala porque no sabía qué hacer con él. Entonces, de repente, supe con exactitud cómo ponerlo en uso. Con mucha decision, convicción y deseo escribí tres palabras, directas de mi corazón, en la primera página: «Decido y me hago el propósito de pasar los próximos diez años (si el Señor lo permite) desarrollando una significativa vida de oración».
Esas eran palabras sencillas, escritas y oradas por un simple deseo dentro de mi corazón. De modo que ese día, esas sencillas palabras y ese librito en blanco dieron inicio para mí a una emocionante etapa en mi aventura de ser una mujer conforme al corazón de Dios. Mi nuevo compromiso a la oración puso en marcha una transformación total en mi vida, en cada parte, persona y actividad. Esperaba que fuera un trabajo penoso y triste por completo, pero a medida que avanzaba en mi compromiso a fin de cultivar un corazón de oración, me sorprendía por las bendiciones que comenzaban a florecer en mi corazón. Como un himno favorito nos dice a ti y a mí: «¡Bendiciones, cuántas tienes ya!». ¿Y el resultado? «Te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará».
Padre de las oraciones contestadas...
Te alabo porque puedo acudir a ti.
Permite que mis oraciones hagan eco en tu corazón,
que mis deseos reflejen tu voluntad.
Tomado del libro "Palabras de Aliento para Una mujer conforme al Corazón de Dios", Por Elizabeth George
Llenas y Rebosantes
Por: Elizabeth George
Que el Dios de la esperanza los llene de toda alegría y paz a ustedes que creen en Él, para que rebosen de esperanza por el poder del Espiritu Santo. (Rom. 15:13)
¿Alguna vez has escuchado acerca de las «Siete Piscinas Sagradas» en la isla de Maui, Hawai? Tuve el privilegio de verlas en un viaje con la familia. Estas impresionantes piscinas se formaron en las rocas y los lechos de lava por la lluvia que desciende por las laderas de las montañas hacia el océano Pacífico. Originándose por encima de altitudes invisibles debido a las perennes nubes de lluvia, la fresca agua cae al suelo, llenando primero la piscina más alta. Cuando esa piscina en lo alto se llena, la lluvia que sigue cayendo hace que su contenido se desborde y caiga en forma de cascada a otra piscina debajo de la montaña. En cuanto se llena la segunda piscina, también se desborda en otra un poco más abajo de la ladera ... y otra ... y otra ... hasta que la última piscina derrama su contenido en la inmensidad del mar de Dios.
Mientras estaba parada con mi familia observando este maravilloso trabajo manual de Dios, pensaba en cómo esas siete piscinas nos ilustran la plenitud que podemos disfrutar, y el impacto de gran repercusión que podemos tener, cuando vivimos de acuerdo al plan de Dios.
Imagínate de nuevo esa piscina en la cima, en lo alto de esa montaña. Igual a esa primera piscina, velada con una neblina gris y oculta de la vista de otros, tú y yo disfrutamos nuestra vida oculta con Dios, la vida privada que nutrimos a la sombra de Él. Cuando estamos llenas de sus bondades, esa plenitud se desborda hacia la próxima piscina, el corazón de la persona más querida y cercana a nosotras: nuestro esposo. Luego ocurre de nuevo ...
Esta cristalina piscina de amoroso servicio crece hasta caer en forma de cascada en los corazones de nuestros hijos, refrescando y abasteciendo sus tiernos corazones y llenando nuestro hogar con el amor de Dios y la belleza de la familia. Pronto, también, esta piscina se llena hasta desbordarse ...
Y entonces las aguas corren al siguiente nivel donde se realizan los sueños, donde damos un vistazo a lo que Dios quiere que tú y yo hagamos para Él y su pueblo. A medida que nos sumergimos en esta fresca piscina de conocimiento, disciplina y preparación, sin duda el nivel del agua se eleva hasta el borde y va más allá de sus límites, derramándose en el ilimitado océano del ministerio de Dios.
Amada, cuando tú y yo somos fieles en ir tras el corazón de Dios, cuando atendemos y cultivamos cada aspecto de la vida según nos instruye, ¡el ministerio en el que Él nos utiliza puede tener un impacto inmenso!
Padre de todo amor. ..
Gracias por tu plan para mi vida.
Permite que mi vida este llena y rebosante con tu amor.
Gracias porque cada buena obra hecha en tu poder trae al mundo un ministerio inconmensurable.
Tomado del libro "Palabras de Aliento para Una mujer conforme al Corazón de Dios", Por Elizabeth George
|
|
ESCOLLOS A EVITAR EN EL USO DE LA BIBLIA
por Derek Bigg
Todo estudiante de la Biblia desea la pura verdad y no algo parcial, incompleto, desequilibrado, algo carente del marco teológico. Para hacerlo es necesario destacar algunos escollos que se han de evitar. La siguiente lista no es exhaustiva.
1. Incumplimiento en el leer:
Hay miles de creyentes en el mundo de hoy que desean leer la Biblia, pero no poseen ni una sola copia. Por contraste, nosotros que tenemos las Escrituras muchas veces somos negligentes en su lectura. De modo que el primer escollo es simplemente ¡el dejar de leer la Biblia! Falta básica e inexcusable.
La Biblia es la fuente primaria del alimento espiritual leerla debe ser, por tanto, una prioridad, por muy atareados que estemos. Y no solamente leer. Hay que meditarla. Esto supone reflexionar sobre el significado del texto y ponderar cómo se aplica a nuestras vidas.
Además de la lectura devocional cotidiana, conviene que nos pongamos a leer toda la Biblia cada año o cada dos años. Así se asegura que no omitamos aquellas partes que consideremos menos atractivas. Sí, es preciso leer Levítico y Ezequiel. Pero la tentación perenne es concentrarse exclusivamente en los salmos, los evangelios y otras porciones más «apetitosas». Es de valor leer las Escrituras a grandes trozos, quizás un libro entero de golpe. Así se coge lo esencial a vista de pájaro.
2. Pereza mental
Fácilmente leemos la Biblia casi sin pensar en lo que dice. Estamos en «piloto automático» y, al finalizar, ¡no sabemos qué hemos leído! Ha sido una lectura mecánica, sin esfuerzo. Hemos cedido a la pereza mental.
Quizá nos hagamos la ilusión, al leer un pasaje conocido por enésima vez, de que ya lo entendemos perfectamente. Por tanto, no esperamos aprender nada nuevo. ¿No hay nunca sorpresas en la Palabra de Dios? No es que busquemos novedades. Pero sí debemos leer espabilados, en un espíritu de expectación. Si nos estancamos mentalmente, nuestra vida espiritual sufrirá.
Amar a Dios con toda la mente y con todo el entendimiento (Mr. 12:30, 33) supone dejar que la mente sea estimulada continuamente y, también, renovada mediante el estudio de la Biblia, para que se transformen nuestro pensar y nuestra conducta (Ro. 12:2).
3. Formalismo
¿La Biblia controla tu mente? ¿Penetra tu corazón? ¿Remuerde tu conciencia? Para un hebreo, éstas habrían sido tres variaciones sobre una sola pregunta, ya que según el pensamiento hebreo no hay distinción bien definida entre corazón, mente y conciencia. (Obsérvese cómo Pablo agrupa todos ellos en Romanos 2:15).
Como quiera que lo expresemos, nos plantea la cuestión del formalismo. Somos víctimas del formalismo si la Palabra de Dios no afecta nuestra manera de vivir al desafiar la mente, el corazón y la conciencia.
¿Qué es la Biblia? ¿Resulta ser en la práctica un libro de texto cualquiera? ¿Ha dejado de ser para ti la Palabra viviente del Dios viviente?
La raíz del formalismo es a menudo una actitud rebelde del corazón y una mente insumisa, que producen una conciencia embotada. El único remedio es permitir que la Biblia nos domine corrigiendo tanto nuestra actitud como nuestro pensar.
4. Superstición
¿Son supersticiosos los evangélicos cuando manejan la Biblia? Algunos, sí. Quizá la mayoría, al menos de vez en cuando.
La superstición se manifiesta si se lee la Biblia como si fuese un libro mágico. Puede ser, por ejemplo, que la lectura devocional de hoy «me indique claramente», como por encanto, el camino a seguir ante una decisión importante. O tal vez busco la solución de un problema abriendo la Palabra de Dios al azar y -vaya milagro- el primer versículo que leo me lo resuelve.
¿Y si el versículo escogido al azar fuese: Judas «se ahorcó» (Mt. 27.5)? ¿Y si luego, descartando esto como absurdo, me posara sobre: «Ve, y haz tú lo mismo» (Lc. 10:37)? Aprendamos que el Señor no nos habla normalmente de esta forma. La Biblia no es una cantera de pensamientos de oro que se pueden extraer según la necesidad del momento.
Analicémoslo un poco más. Mi preocupación por el problema o por la decisión que tengo que tomar puede predisponerme a ver lo que quiero ver en la Biblia No es entonces la voz de Dios sino una trampa psicológica. ¡Y esta trampa me ahorra la labor de sopesar todos los factores para llegar a una conclusión racional!
Si este enfoque merece la designación de «supersticioso» en el contexto religioso, se puede calificar de «existencialista» desde el punto de vista filosófico. Esto significa que la Biblia no es en sí la Palabra de Dios. Más bien contiene la Palabra de Dios. Es decir, viene a ser la Palabra de Dios para mí personalmente en una situación dada.
Huelga decir que las Escrituras pierden así su objetividad. Yo mismo determino subjetivamente cuándo y en qué circunstancias Dios me habla.
Además, el significado del texto bíblico es una creación mía, derivada de esas circunstancias. Lo que debo hacer, cada vez que leo la Biblia, es buscar el significado que se proponía el autor original y partir de ahí.
5. Oportunismo textual
¿Cuántas veces hemos oído las palabras «La Biblia dice...»? Son palabras intrínsecamente potentes. Puesto que la Biblia es nuestra autoridad final, nos sentimos obligados a escuchar. Pero hay situaciones en las que no debemos prestar atención. No hemos de hacer caso de lo dicho si se trata del oportunismo textual.
Este fenómeno se expresa de varias maneras. Por ejemplo, estamos tentados a emplear un texto bíblico como percha para nuestras propias ideas. Primero, mi parecer; luego un texto para apoyarlo. Debe ser al revés. Nuestras ideas deben ser moldeadas por las Escrituras. Todos tenemos nuestras preconcepciones. Pero hay que juzgarlas a la luz de las enseñanzas bíblicas.
Es posible reducir la evangelización al oportunismo textual. El inconverso se ve simplemente como un «blanco», y disparamos textos sueltos sin explicar su significado. Tal actividad -tan descortés- suele ser contraproducente.
El oportunismo ocurre también cuando arrancamos un texto de su contexto y lo usamos para «probar» algo. No «probaríamos» que Dios sea el autor del mal citando «Yo Jehová... creo la adversidad» (Is. 45:7).
Asimismo, no podemos «probar» que todo cristiano deba hablar en lenguas citando «... quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas» (1 Co. 14:5). En ambos casos es preciso preguntar. ¿Qué nos dice el contexto?
Nunca olvidemos que un texto sin su contexto es un pretexto. Evitaremos esta falta si pensamos teológicamente.
6. Cadenas textuales frágiles
A muchos cristianos les gusta hacer cadenas textuales. Juntan toda una serie de versículos sacados de distintas partes de las Escrituras y ;he aquí lo enseñado sobre tal o cual temática! Pero si no se piensa teológicamente, es posible -hasta probable- que la cadena que así se ha construido sea muy frágil. No aguantará la carga que se le impone.
A veces se funda una doctrina sobre un conjunto de textos que se han entresacado puramente por contener la misma palabra o la misma frase en la Biblia española. La frase «hasta el fin», por ejemplo, se encuentra once veces en el Nuevo Testamento (Mt. 10:22, 24:13, 28:20, Mr. 13:13, Jn. 13:1, 1 Co. 1:8, 2 Co. 1:13, He. 3:6,14, 6:11, Ap. 2:26). ¿Cuál es este «fin»? ¿El fin del mundo? ¿Hay otra traducción más acertada de esta frase?
No es posible hacer una cadena segura que incluya todos estos versículos. En el texto griego hay cinco frases diferentes que se traducen por «hasta el fin». Una de ellas -la más común- aparece también en Lucas 18:5 (traducción: «de continuo») y en 1 Tesalonicenses 2:16 (traducción: «hasta el extremo»). ¿Conviene adoptar «hasta el extremo» en Juan 13:1?
Hay los que piensan que «de continuo» o «hasta el extremo» es la mejor traducción para Mateo 10:22, Mateo 24:13 y Marcos 13:13. Otros creen que el «fin» en estos tres versículos es el fin de la relación especial entre Dios e Israel, simbolizado por la destrucción del templo en el año 70. Con tantas complicaciones (y quizás habría más si considerásemos todos los textos citados), no caben interpretaciones simplistas. Tampoco cadenas textuales que resultarían muy frágiles.
7. Uso selectivo
Todos, lo sepamos o no, hemos oído exposiciones que se han dado a base del uso selectivo de los datos bíblicos. Algunos datos relevantes se han omitido, o intencionadamente o por ignorancia.
Si las omisiones han ocurrido a sabiendas, es posible que hayan sido motivadas por lealtad equivocada (la adhesión inflexible a un sistema teológico). En aras del sistema se dejan a un lado los pasajes que se ven como violentos. Si no encajan, se actúa como si no existiesen. De esta forma se tuerce la verdad.
Pensemos en la cuestión del sábado (el día de reposo). Es un tema que a menudo sufre el uso selectivo de las enseñanzas bíblicas. Se expondrán a continuación unos cuantos datos que suelen ser pasados por alto.
Moisés vincula la observancia del sábado directamente a la liberación de Israel de Egipto (Dt. 5:15). Así se establece una relación estrecha e indisoluble entre un mandamiento divino y un suceso histórico único que no vivió ninguna otra nación.
Los diez mandamientos (incluso, por supuesto, el mandamiento tocante al sábado) se ven como una expresión del pacto antiguo: Moisés «escribió en tablas las palabras del pacto, los diez mandamientos» (Ex. 34:28; ver también Dt. 4:13, 9:9-11, 2 Cr. 6:11). De modo que los diez mandamientos no solamente se hallan en el contexto histórico del pacto antiguo sino que constituyen una parte integrante del pacto antiguo.
Al igual que los pactos hechos con Noé y con Abraham, que tenían sus señales distintivas (el arco iris y la circuncisión: Gn. 9: 12-17, 17: 9- 14), el pacto mosaico tenía también su señal: la observancia del sábado. Era específicamente una señal entre Dios e Israel «para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico» (Ez. 20:12; ver también Ez. 20:19-20, Ex. 31:12-17).
Hay que tener en cuenta todos estos puntos y otros muchos al evaluar las enseñanzas bíblicas sobre el sábado. Debemos acumular toda la evidencia antes de pronunciarnos sobre la relación entre el sábado judío y el domingo cristiano, el uso correcto del domingo por los creyentes, y otras cuestiones de esta índole.
El uso selectivo se produce a veces como consecuencia directa de conocimientos superficiales de la Biblia. Lamentablemente, el pecado que mora en nosotros hace también que seamos propensos a entresacar pasajes por motivos que son, a fin de cuentas, puramente personales y subjetivos. Entonces lo que necesitamos es el arrepentimiento y la debida sumisión a la Palabra de Dios.
8. Perspectiva occidental
Inevitablemente leemos la Biblia con ojos españoles. Difícilmente nos situamos en los tiempos de los oyentes o lectores originales para poder entenderla como ellos la entendían. La distancia cultural e histórica es una barrera considerable.
Todos llevamos en la cabeza cierto «equipaje» intelectual y cultural según la época y el lugar en que vivimos. Interpretamos nuestras experiencias de acuerdo con el modelo mental que ha sido formado por este «equipaje». Así somos como seres humanos.
Pongamos una ilustración bíblica. Cuando Pablo y Bernabé estuvieron en Listra, Pablo sanó a un hombre que era cojo de nacimiento. La reacción de la gente fue: «Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros». A Bernabé le llamaban Júpiter y a Pablo, Mercurio (Hch. 14:8-12). O sea, interpretaron lo acontecido según el modelo de su propia religión griega que llevaban en la mente.
Del mismo modo, nuestro modelo mental influye con frecuencia en la interpretación de las Escrituras. Las leemos desde una perspectiva occidental del siglo XX. Dicho de otra manera, desarraigamos un pasaje de su escenario natural y original en la Biblia, y lo colocamos inconscientemente en un escenario ajeno.
Jesús dijo una vez a alguien: «Sígueme». La respuesta fue: «Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre» (Lc. 9:59). ¿Su padre acababa de morir? A primera vista, sí. En realidad, no.
Según la cultura del medio oriente, la expresión que se emplea aquí significa: «Déjame cumplir con mi deber familiar quedándome con mi padre hasta que él muera y sea enterrado; luego podré seguirte». Descifrando estas palabras, vemos que el hombre no quería ser discípulo de Cristo porque su familia tenía prioridad. Llegamos a tal conclusión despojándonos de nuestra cultura occidental y leyendo el texto bíblico con ojos orientales.
¿Has orado alguna vez pidiendo sabiduría? Si es así, es casi cierto que tenías en mente el concepto griego, que es puramente intelectual (como en 1 Co. 1:22). La sabiduría que deseabas era la capacidad de usar correctamente tus facultades mentales. La oración fue por lo tanto típicamente «occidental».
La sabiduría bíblica, plasmada en la mentalidad hebrea, es práctica y espiritual. El libro de Proverbios está lleno de ella. Santiago deja claro que tal sabiduría tiene que ver con la buena conducta y la mansedumbre (Stg. 3:13). Su característica primaria es pureza, de la que se derivan otras cualidades espirituales y prácticas (Stg. 3:17). ¿Oras pidiendo sabiduría de este tipo?
9. Confusión interpretativa
Hay que distinguir entre la interpretación y la aplicación del texto bíblico. La interpretación descubre el significado del texto en su contexto histórico y cultural. Por tanto, la cuestión importante es: ¿Cómo lo entendían los oyentes o lectores originales? Para poder contestar satisfactoriamente, tenemos que saber por lo menos tres cosas: ¿Quién hablaba? ¿A quiénes? ¿En qué circunstancias?
La aplicación, por otra parte, se dirige a nuestra situación. Hemos de plantearnos: ¿Qué dice esta porción de la Biblia a los creyentes latinos del siglo XX? Si la Palabra de Dios es siempre contemporánea (y lo es), ¿cómo habla hoy?
Ambos aspectos, interpretación y aplicación, muchas veces se confunden. No se mantiene la debida distinción entre ellos. Nos imaginamos que estamos interpretando el texto, pero en realidad lo estamos aplicando. Cuando caemos en esta trampa, es probable que la aplicación que hacemos no sea acertada.
El hecho es que no es posible aplicar correctamente el texto bíblico antes de determinar su interpretación. ¿Por qué? Porque la aplicación debe desprenderse directa y lógicamente de la interpretación. Esa es la relación entre ellas.
Hay porciones de la Biblia en las que interpretar y aplicar se funden para ser virtualmente una misma cosa. Bastarán dos ilustraciones. «¿Pecaremos porque no estamos bajo la ley sino bajo la gracia? En ninguna manera» (Ro. 6:15). «Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús...» (Col. 3:17). EI significado de las palabras para los lectores originales (interpretación) es igualmente su significado para nosotros (aplicación) porque nuestra posición equivale en esencia a la suya.
Otros pasajes, en cambio, no se pueden tratar de esta forma. Hay que distinguir tajantemente entre interpretación y aplicación. En Juan 16:13 leemos: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad.» ¿Quién hablaba? Jesús. ¿A quiénes? A los once apóstoles. ¿En qué circunstancias? El Señor estaba preparando a los apóstoles para su partida y la venida del Espíritu Santo.
Jesús prometía que el Espíritu revelaría la verdad a los apóstoles, inclusive (al final del mismo versículo) la verdad acerca de «las cosas que habrán de venir». Este ministerio del Espíritu fue único. Era crucial para la autenticidad y la exactitud del Nuevo Testamento.
Esa es la interpretación correcta de Juan 16:13. La aplicación tiene que ser forzosamente muy diferente, dado lo excepcional de la ocasión. Así que no se puede decir que Jesús prometa aquí guiarnos a nosotros a toda la verdad. Nosotros no hemos recibido ninguna revelación divina, sobre todo respecto a «las cosas que habrán de venir». ¿Cómo, pues, podemos aplicar apropiadamente el texto? Subrayando que la promesa de Jesús nos permite confiar plenamente en la veracidad de los escritos apostólicos.
10. Semántica superficial
La semántica tiene que ver con el significado de las palabras. Es una disciplina difícil y un verdadero «campo minado». Llegamos con facilidad a conclusiones superficiales sobre cuestiones semánticas, especialmente en cuanto a palabras bíblicas que tienen varios matices.
Si una palabra tiene más de un significado, la recopilación de los pasajes bíblicos donde se encuentra nos permite muchas veces fijar las fronteras dentro de las que se debe buscar su significado correcto. Pero el significado exacto siempre se determinará por el contexto próximo. Pensemos en el verbo «ser». Es posible identificar seis usos distintos del vocablo griego:
-Existencia («En el principio era el Verbo» Jn. 1:1).
-Atributo («... sólo uno es el Bueno» Mt. 19:17).
-Semejanza («Y la lengua es un fuego» Stg. 3:6).
-Identidad («¿La ley es pecado?» Ro. 7:7).
-Causa («... el ocuparse de la carne es muerte» Ro. 8:6).
-Cumplimiento («Mas esto es lo dicho por el profeta Joel» Hch. 2:16).
Huelga decir que la semántica del verbo «ser» es muy relevante en el debate sobre el significado de la frase más controvertida del Nuevo Testamento: «Esto es mi cuerpo» (Lc. 22:19).
A veces se sostiene que los dos términos griegos para «amar» son totalmente distintos. Uno de ellos supone un amor «alto», el otro un amor más «bajo». Este argumento se presenta a menudo con relación a Jn. 21:15-17, donde se usa dos veces la palabra más «alta» y cuatro veces la más «baja». Por supuesto, las gamas semánticas de estas palabras no son idénticas. Pero sí coinciden en gran parte. Dos veces leemos: «El Padre ama al Hijo» (Jn. 3:95, 5:20). Pero se usan verbos diferentes. ¿Implica esto que Dios ama a su Hijo de dos maneras distintas?
Se ha dicho que la palabra «apóstol» significa «alguien que es enviado» porque tiene la misma raíz que el verbo griego para «enviar». Pero esta idea no está bien fundada. La forma y la derivación de la palabra no constituyen una guía segura. Lo que sí importa es la usanza normal en su contexto histórico.
Conclusión
Diez escollos a evitar. Hay otros. Pero estos diez se hallan entre los más comunes. Para ser realista, la flaqueza humana nos impide evitarlos por completo. No obstante, la responsabilidad que tenemos ante Dios es hacer todo lo posible para usar bien la palabra de verdad (2 Ti. 2:15).
Mucho depende de nuestra actitud. Lo cual nos conduce a nuestro punto de partida: la humildad en el uso de la Biblia. Sin humildad, se pierde todo. «Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de... humildad» (Col. 3:12).
Tomado de la Revista Andamio, usado con permiso.

|
|
La pureza de La Escritura
Por
Francis Turretin (1623-1687)
(Nota del Editor: Es notable que las palabras de este pastor
y teólogo del siglo 17 son tan atinadas y frescas, como si las dijera
hoy)
Los textos originales del Nuevo Testamento y el Antiguo
Testamento, ¿nos han llegado puros e incorruptos? Por "textos originales" no
entendemos los autógrafos escritos por mano de Moisés, de los profetas y los
apóstoles, que ciertamente no existen actualmente. Entendemos sus "apógrafos" o
copias, transcripciones, así llamados porque nos presentan la Palabra de Dios en
las mismas palabras de quienes las escribieron bajo la inspiración directa del
Espíritu Santo.
La pregunta no es si las fuentes son tan puras que no se ha
introducido alguna falla en muchos manuscritos, ya sea por el paso del tiempo,
la falta de cuidado de los copistas, o la malicia de los judíos o herejes. Esto
es admitido por ambas partes y las varias lecturas que Beza y Robert Stephanus
han observado cuidadosamente en el griego (y los judíos en hebreo) lo prueban
claramente. La pregunta es, en cambio, si los textos originales han sufrido
tanta corrupción debido a la falta de cuidado de los copistas que ya no se
pueden considerar el punto de juicio de las controversias y la regla a la cual
deben atenerse todas las traducciones. Los papistas lo afirman, nosotros lo
negamos.
Los siguientes argumentos comprueban que las fuentes no han
sido corrompidas.
1) La providencia de Dios. Por Su voluntad, estos libros
fueron escritos por inspiración (theopneustois) para la salvación de los
hombres. Es Su voluntad que continúen hasta el fin del mundo para que otros
puedan recibir de ellos las aguas de la salvación. Por lo tanto, El no puede
permitir que los libros sean corrompidos tanto que no puedan llevar a cabo su
propósito. Dios ha dejado registrado en las Escrituras su plan completo con
respecto a la doctrina de la salvación, así que no esperamos nuevas
revelaciones. Por otro lado, Dios ha prometido su presencia constante a la
Iglesia. ¿Qué puede ser de mayor insulto a Dios que aseverar que El ha permitido
que los libros que contienen esta doctrina han llegado a ser tan corruptos que
no pueden servir como canon de la fe?
2) La fidelidad de la Iglesia Cristiana y la obra continua
de preservación de los manuscritos. Ya que los cristianos han trabajado con gran
ardor para mantener este depósito sagrado sin corrupción, no podemos creer que
ellos mismos lo corrompieran o permitan a otros corromperlos.
3) La religión de los judíos, que han puesto gran cuidado y
trabajo en los manuscritos, llegando aún a la superstición. Por ello Josefo dice
que luego de los siglos nadie ha tenido el valor de agregar ni de quitar nada ni
de cambiar nada de los libros peculiares de los judíos en ningún aspecto y que
consideran un honor morir por las Escrituras. Philo, en su libro sobre la
partida de los Israelitas de Egipto va más allá, afirmando que "aún hasta ahora,
por un espacio de más de dos mil años, no se ha cambiado ni siquiera una palabra
en la ley de los hebreos y que cualquier judío preferiría morir cien muertes que
sufrir que la ley sea alterada en lo más mínimo". Cargan su ridícula
superstición con respecto al manuscrito sagrado a tal punto que si un libro de
la ley corregido caía al suelo proclamaban un ayuno y expresaban su temor de que
el universo entero regresaría a su caos original, tan lejos estaban de corromper
los manuscritos.
4) El cuidado de los Masoretas no sólo sobre versos y
palabras, sino sobre letras individuales (que, junto con todas las variaciones
de puntuación y escritura, no sólo contaban sino que también anotaban, para que
no pudiera haber base o siquiera sospecha de corrupción).
5) La multitud de copias, porque ya que los manuscritos
fueron repartidos a diestra y siniestra, ¿cómo podrían corromperse todos debido
a la falta cuidado de los bibliotecarios, o la maldad de sus enemigos? Agustín
dice: "Ningún hombre prudente puede creer que los judíos, no importa cuán
perversos o malvados, lo podrían hacer, en copias tan numerosas y tan
ampliamente difundidas". Vives dijo que esta debería ser la respuesta a quienes
argumentan que "los manuscritos hebreos del Antiguo Testamento y los manuscritos
griegos del Nuevo Testamento han sido falsificados y corrompidos de tal manera
que es imposible encontrar la verdad en estas fuentes".
6) Si las fuentes hubieran sido corrompidas, debe haber sido
antes de la venido de Cristo o luego de ella, ninguna de las cuales es verdad.
No puede haber sido antes. Considerando que Cristo pasa juicio sobre los puntos
en que se han desviado de la doctrina, El no hubiera guardado silencio al
respecto ni podría haber soportado el uso de libros corrompidos. ¿Le pareció de
tan poca importancia la salvación de Su pueblo que ni personalmente, ni por
medio de Sus apóstoles, nos da siquiera una advertencia por medio de una palabra
de que los libros de Moisés y los profetas han sido amañados, mientras a la vez
juzga a los judíos basado en estos mismos libros y a la vez invita a sus
discípulos a que los lean y los escudriñen? Si los libros ya hubieran sido
corrompidos y falsificados antes de Cristo, todas sus referencias a ellos
tendrían que haber mencionado tal problema. No puede haber sido después, porque
las copias que circulaban entre cristianos hubieran hecho fútiles estos intentos
y porque no hay la menor evidencia de tal corrupción. Si este hubiera sido el
caso, ¿por qué encontramos los pasajes en que Cristo y los apóstoles citaron a
Moisés y los profetas son iguales ahora, igual que entonces, y de ninguna manera
corrompidos? ¿Por qué Origen y Jerome, estudiosos eminentes, tan explícitamente
absuelven a los judíos de este crimen? Por lo tanto, si no hubo corrupción ni
antes ni después de Cristo, nunca la hubo.
Un escrito auténtico es uno en el cual todas las cosas son
suficientemente abundantes para inspirar confianza, uno al cual se le da el
mayor crédito posible, uno en el cual podemos estar totalmente seguros de que ha
venido del autor cuyo nombre lleva, uno en el cual todo ha sido escrito tal como
el autor mismo deseaba.
Francis Turretin fue pastor y luego
profesor de teología en Ginebra. En lahistoria de la Iglesia es conocido por ser
apólogo y defensor de la fe.
Tomado de la revista
Credenda Agenda, usado con permiso.
|
|
Estado Civil Apasionante: La Soltería
¿Qué esperas encontrar en un libro sobre la soltería para que lo leas? pregunté a Sandra.
-¡Una base de datos de hombres solteros! - respondió inmediatamente.
-Nada que tenga que ver con recetas fáciles de cómo vivir la soledad y la soltería dijo Marita.
No se preocupen, no van a encontrar ni lo uno ni lo otro en este artículo.
Nos conocimos en la escalera de la pensión de estudiantes... tres pisos sin ascensor y sólo tres baños en el edificio. Estábamos allí para el Primer Congreso Misionero Estudiantil y Profesional realizado por el movimiento hermano de la Asociación Bíblica Universitaria Argentina (ABUA) en Brasil.
En medio de diferentes acentos portugueses y alguno que otro argentino, nos presentaron. Su nombre y apellido suenan muy diferente en inglés y castellano, así que entre gritos y pedidos de entrar al baño y de shampoo no supe quién era hasta que una hora después, más tranquilas, nos sentamos en las escaleras para conversar sobre su largo viaje y descanso nocturno.
Yo dormí bien - me dijo - Ahora, ¡no sé cómo durmió el murciélago en el respaldar de mi cama! Nos estuvimos mirando un buen rato en la noche, pero yo decidí dormir y parece que él también!
En esa primera charla supe que quería la chispa y la vitalidad de esta mujer con rasgos chinos y tan buen humor que podía vivir entre jóvenes estudiantes, siendo ella una de las principales oradoras del evento y una profesional con capacitación y experiencia. ¡Ella sabía cómo disfrutar de la vida que se le había otorgado!
¿Cuándo fue la última vez que pensó en casarse? le preguntaron en un campamento estudiantil en América Latina cuando acababa de cumplir 60 años. Tenía miedo de que se molestara al traducirle la pregunta...
¿Quién les dijo que yo ya he abandonado la idea? respondió con gracia y picardía y todos nos largamos a reír.
Hoy, con más de 70 años, los estudiantes cristianos de diferentes lugares del mundo siguen invitando a Ada Lum, misionera por más de cuarenta años en Asia, para aprender del Dios vivo que conoce en Jesucristo y que ha renovado su piel y sus fuerzas. Elige vivir una vida apasionante cuando prepara el estudio bíblico para su iglesia, conversa con una joven que tiene problemas en su noviazgo, enseña en el Instituto Bíblico, anima al grupo estudiantil cristiano en África Central a estudiar la Biblia con compañeros no cristianos o lleva una torta a una familia de la iglesia.
Cuando me preguntaron qué modelo de mujer tenía, a quién me gustaría parecerme, la vida, la alegría, la femineidad y el coraje de Ada inundaron mi corazón y mi cabeza.
Soledad, terrible tesoro
La soledad va más allá del estado civil, no es prerrogativa de sexos o instituciones. La soledad se puede vivir rodeada de gente, esposo incluido.
El tema de la soltería, de los solos y solas, todavía nos incomoda en nuestras iglesias evangélicas.
¿Cuándo fue la última vez que escuchamos un sermón sobre el tema? ¡En muchas iglesias ni siquiera escuchamos hablar sobre la familia! En el mundo secular se corre con ventaja. Una mujer divorciada o separada está «mejor vista», tiene más status que una mujer soltera. Las mujeres (¡y los varones solteros!) llegan a ser considerados ciudadanos de segunda clase. Observo que esta tendencia también crece en nuestras iglesias.
Es importante considerar que si el servicio a Dios no se vive con gozo y agradecimiento, nos transformamos en simples asalariados de Dios. Necesitamos modelos de mujeres audaces y atrevidas que sirven al Dios en el que creen en la condición civil en la que están. Vidas como la de Ada, la Doctora Gwendolyn Shepherd, la maestra Juana Manso o la de Dína, hermana de mí iglesia que cuando quedo sola busco lugares donde servir... ¡ése sí es un grupo de audaces!
Mirar hacia arriba y a los costados
Para las mujeres solteras, solas en el campo misionero dentro o fuera del país, o dentro de un hogar, les corresponde el mismo mandamiento que a todos los discípulos de Jesucristo: amar a Dios por sobre todas las cosas, buscar primero el Reino de Dios, amar al prójimo... No hay que mirar las baldosas ni nuestro propio ombligo sino mirar al Señor y al prójimo que nos rodea. Las personas son oportunidades de dar, de mostrar el amor que Dios nos ha (Jn. 4.19) y de recibirlo nosotras.
Cuanto más nos miremos a, nosotras mismas como mujeres solas, más se alejarán nuestros ojos de quien vale la pena mirar, amar y seguir.
¿Qué hace cuando se siente sola? ¿La invade la autoconmiseracíón, siente el desamparo y el «por qué a mí»? ¿Por qué no intenta correr a los brazos de Dios Padre que está dispuesto a enjugar su llanto y calmar su dolor, o llama por teléfono a su hermana, a una amiga, no sólo para quejarse de su soledad sino para preguntarle cómo está o cómo le fue en la semana, para invitarla al cine, a sentarse a orar o compartir esa receta de cocina?
Ni la vida ni las respuestas son siempre sencillas, pero en sus manos está la posibilidad de decidir cómo quiere vivir.
Varones y mujeres
Imagine algo en el mundo más parecido a una mujer.. No tiene que pensar mucho para darse cuenta de que el varón es el otro ser más parecido a nosotras en todo el planeta tierra y las galaxias. Ni los animales, ni las cataratas del Iguazú o las sierras de Córdoba, ni el glaciar Perito Moreno con su belleza son parecidos a nosotras. ¡Qué privilegio nos dio nuestro Dios: varones y mujeres podemos ser ayudas idóneas y compartir la administración de su creación!
El Señor nos bendijo con la posibilidad de trabajar juntos, de acompañarnos ya sea en el matrimonio, en los ministerios en la iglesia o en los lugares donde ejercemos nuestra profesión.
Somos en primer lugar seres humanos, personas hechas a imagen y semejanza del Dios de la Biblia (Gen. 1. 27, 28). La humanidad viene antes que la sexualidad en el trato con nuestro Dios.
En general, podemos decir que somos personas que estamos casadas, solteras, viudas, o divorciadas. No somos solteras, estamos solteras y ése es un estado que puede cambiar o no. Lo que importa es saber quién la habrá de acompañar, quién la va a consolar, quién la abrazará, quién le presentará nuevos desafíos. Nuestra identidad se basa en un Dios al que conocemos como el Amado, esposo y padre de casadas y solteras, de solas y acompañadas.
¿Tiene mi hijo una cosmovisión cristiana?
Nuestra cosmovisión es el que organiza lodo lo que creemos y a través del cual interpretamos y juzgamos la realidad
Por Patricia Adrianzén de Vergara
Quisiera tener amistades más significativas en el Instituto me hijo mi hijo de dieciséis años. Pero se me hace un poco difícil. Yo me acerco a ellos y trato de ser amigable, pero me apenan sus conversaciones. La mayoría habla de cosas superfluas, como quién toma cerveza o quién conoce más discotecas. ¡No puedo entender cómo tienen vidas tan vacías! Quisiera ayudarles a ver la vida de otra manera, por eso seguiré intentando ser su amigo.
En otra ocasión, cuando me lamentaba de que él hubiera heredado mi enfermedad (migrañas muy dolorosas, que se manifiestan en crisis) me respondió:
Mamá, Dios sabe por qué permite las cosas. Todo tiene un propósito en esta vida. Además yo sé que él se va a glorificar.
Comentarios de mi hijo, como éstos, me han hecho tomar conciencia de la importancia de forjar en ellos una cosmovisión cristiana y lograr así la trascendencia de nuestra tarea como madres para su futuro.
Tener un hijo es la experiencia más emocionante de la vida. Criarlo y formarlo constituye un acto de amor que tiene sus demandas pero a la vez grandes satisfacciones.
El período de espera durante la gestación es el tiempo de la ilusión, de los planes, de la expectativa. Sabemos que él o ella están dentro de nosotras. Primero los malestares y luego las pataditas nos lo recuerdan a cada instante. La familia entera vive una conmoción. El nuevo bebé anuncia su llegada y es imprescindible preparar todo para su arribo. La habitación, la cuna, los pañales, la ropita para esa personita que pronto reclamará un lugar en este mundo. Lo vemos nacer y las palabras no son suficientes para expresar todos los sentimientos que genera en nosotras, el instinto maternal aflora y lo primero que hacemos es proteger y suplir. Empieza entonces esa estrecha relación de dependencia que los acompañará en cada período de su existencia hasta que sean capaces de enfrentar el mundo por sí mismos.
Cada una de nosotras vive intensamente las diversas etapas en las vidas de nuestros hijos. Sabemos que son como flechas que tarde o temprano hemos de lanzar al mundo. Y nuestra misión consiste en equiparlos para que puedan construir un futuro de provecho.
Si bien es cierto que como adultas podemos estar seguras de que nuestra manera personal de interpretar el mundo responde a una cosmovisión cristiana, la pregunta trascendental que como madres nos hacemos es si hemos logrado que nuestros hijos la tengan ¿Los estamos soltando a la vida con convicciones profundas? Sabemos qué cosas son las que están influenciando su mente y su manera de pensar? ¿Revelan ellos ya una forma personal de ver e interpretar el mundo? ¿Cómo podemos estar seguras de que tienen realmente una cosmovisión cristiana?
Yo misma me hago estas preguntas y sé que como madre de tres hijos tengo un largo camino por delante. A veces al contemplar a mis hijos inmersos en un mundo sin valores mi corazón se atemoriza. No puedo adivinar el futuro de cada uno de ellos, pero sé que finalmente aquel que construyan dependerá de sus decisiones y de la calidad de su relación personal con Dios.
Las palabras de mi hijo adolescente revelan que su esquema conceptual para ver la vida está basado en principios cristianos. Quiere ayudar a sus amigos y no se desespera por la enfermedad. Sabe que hay un propósito para todo y que Dios tiene el poder de transformare el mal en bien. El confía en un Dios soberano.
Permítanme compartir con ustedes algunos principios que me han ayudado en la tarea de forjar y cimentar sus convicciones:
1. Considerar a cada hijo en su individualidad y que Dios tiene un plan para su vida. Dice el Salmo 139.16: "Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas."
¿Saben sus hijos que Dios supervisó todo el proceso de su gestación? ¿ Saben que mientras él miraba su embrión escribía un propósito especial para su vida? Es fundamental fijar la individualidad de cada hijo, así ellos crecerán siendo conscientes de que son creación de Dios, que tienen valor, una dignidad que proteger, y lograrán, de ese modo, una autoestima correcta. No hay nada más sano para la salud emocional de nuestros hijos que el que ellos sientan “alguien” en un mundo donde muchos se sienten “nadie, que crezcan convencidos del amor de Dios y de sus padres. Esa seguridad les llevará a percibir el mundo como el espacio que Dios les ha dado para cumplir un propósito especial. Sus vidas tendrán sentido de misión desde pequeños. De este modo evitaremos que sean más tarde niños o jóvenes fluctuantes y desorientados.
2. Orar y bendecir a cada uno de ellos. No me he cansado aún de repetir para mis hijos la bendición sacerdotal que Dios dio a Moisés y a Aarón en números 6:24-27; "Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti; y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz."
Dios mismo mandó que se repitiera esta bendición sobre los hijos de Israel y prometió cumplirla. Como madres tenemos un importante rol de intercesión. Hay poder espiritual tanto en las promesas de Dios como en las bendiciones que pronunciamos sobre las vidas de nuestros hijos. Durante años los he bendecido noche tras noche y ellos me han escuchado. Es un hábito que reclaman cuando a veces lo descuido. Sé que esas palabras de bendición no solamente han subido hasta el cielo sino que han anidado en sus corazones. Por esto, enfrentan la vida con una seguridad especial.
3. Darse tiempo para enseñarles periódicamente la palabra de Dios. "Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas." (Dt. 6:6-9)
Amada hermana, no son inútiles las horas que invertimos en enseñarle la palabra de Dios a nuestros niños. Esa historia bíblica ilustrada, ese franelógrafo, aquel libro de personaje o simplemente la explicación de un versículo, todo junto forma la instrucción que Dios nos demanda en su palabra. Tengamos presente que las bases para construir una cosmovisión cristiana son nuestros conceptos de Dios y del hombre. El creer en un Dios personal, santo, todopoderoso, eterno, misericordioso, que quiere establecer una relación personal con el hombre que ha creado, es primordial. Nuestra labor es guiar a los hijos al conocimiento de Dios. De este modo ellos podrán contemplar la historia de la humanidad de una manera coherente y , a la vez, encontrar sentido a su propia historia personal.
4. Dialogar sobre todo tipo de temas. "Justa son la razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría... porque mejor es la sabiduría que las piedras preciosas." (Pr. 8:8, 10)
La generación que les ha tocado a nuestros hijos demanda respuesta. Ellos deben aprender a resolver por sí mismos las encrucijadas del relativismo moral, el materialismo, la falta de ética, el libertinaje sexual, el hedonismo, entre otras muchas características de nuestra sociedad posmoderna. El diálogo con nuestros hijos debe ser fluido, permanente, claro y honesto; crear tabúes bloquearía nuestra comunicación. Es nuestra responsabilidad que encuentren respuestas que los lleven a tornar decisiones sabias. He disfrutado lindos momentos con mi hijo conversando acerca de los temas de las películas de moda que ejercen una atracción especial sobre él o de asuntos tan candentes como la prostitución o el libertinaje sexual y siempre me he asombrado de las conclusiones tan maduras a las que puede llegar un adolescente.
5. Vivir y encarnar la palabra de Dios en nuestras propias vidas. "Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos." (Stg 1.22) La influencia más cercana a todo niño es la de sus padres. Ellos aprenden de nuestra conducta y hechos, no solamente de nuestras palabras. Por ello durante el periodo cuestionador de la adolescencia van a constituirse en nuestros mejores jueces. ¿Cómo afrontamos los problemas? ¿Qué respuestas o soluciones damos a las dificultades? ¿Con qué actitud enfrentamos las pruebas? ¿Cómo tratamos a las personas? ¿Cómo asumimos nuestras responsabilidades? ¿Cuáles son nuestras motivaciones en el servicio cristiano? ¿Por qué nos dedicamos al ministerio y no a otra cosa en la vida?
Tomar conciencia de que mi vida está no solamente expuesta a los ojos de Dios sino a los de mis hijos y mi familia más cercana hace que me esfuerce en ser una persona mejor para no serles a ellos de tropiezo. Ellos me ayudan cada día a reconocer mis debilidades.
6. Enfrentar los problemas familiares con una cosmovisión cristiana. "Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto no temeremos aunque la tierra sea removida... " (Sal 46.12) "En el día que temo, yo en ti confío." (Sal 56.3) Los problemas y las dificultades son una gran oportunidad de aprendizaje para nosotros mismos y para nuestros hijos. Son las ocasiones en que se revela la calidad de nuestra fe, en que podemos enseñar de qué manera confiamos en la soberanía y el poder de Dios.
Sabemos que no somos heroínas ni mujeres sin debilidades, y nuestros hijos nos ven en la lucha. He aprendido a ser sincera con ellos, a mostrarme vulnerable; por ello, creo que han podido comprobar con sus propios Ojos que sólo 1.1 gracia de Dios pudo mantenerme en pie en un tiempo de prueba muy difícil. Pero lo mas hermoso es que recuerdan esa etapa no como una experiencia dolorosa sitio como un camino que llevó a la familia a Un tiempo de victoria espiritual, a enfrentar el dolor con una cosmovisión cimentada en Dios. Por eso puedo esperar que el día de mañana enfrenten sus propias tormentas de la misma manera.
7. No encerrarlos en una caja de cristal. "No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo" (Jn 17.15,16)
Muchas personas piensan, erróneamente en mi opinión, que limitando la vida social de sus hijos van a preservarlos de las tentaciones. Por el contrario, si permitimos que desarrollen una vida social normal podrán interrelacionarse y contrastar desde pequeños sus valores para que el día de mañana sean consecuentes con ellos. He visto muchos casos de hijos de creyentes cuyo entorno fue exclusivamente cristiano en todas las áreas de su vida y sufrieron un gran impacto al ingresar a la universidad; muchos de ellos no pudieron soportar la presión del grupo. Creo que nuestros hijos deben tener la oportunidad desde pequeños de ser luz y sal.
8. No pasar por alto sus errores sino corregirlos a tiempo, llevándoles a la reflexión de sus actos. Contrariamente a los que el mundo postula “el amor no es ciego.” Conocer a nuestros hijos nos va llevar a reforzar sus fortalezas y hacerles tomar conciencia de sus debilidades para superarlas. Muchas veces van a necesitar nuestra compañía cercana cuando vivan las consecuencias de sus malas decisiones. Recuerdo una ocasión muy especial citando mi pequeña de diez años hizo una travesura con sus amigas y luego tuvo que afrontar las consecuencias de sus actos. Aún tengo presente su nerviosismo y su arrepentimiento. Ante todo le aseguré que la seguía amando tanto como antes y que estaría con ella en el momento difícil de afrontar su parte de la culpa. Luego, yo misma la acompañé a disculparse con los padres de las otras niñas por haber participado en algo indebido. Fue duro para ella, pero ese día ambas aprendimos una gran lección: ella, que siempre tendría que enfrentar las consecuencias de sus decisiones erradas, y yo que, por más que duela los errores de nuestros hijos debemos corregirlos a tiempo y ver la circunstancia como una oportunidad para su maduración. Por supuesto que si estamos cerca, nuestro amor constituye un soporte.
9. Transmitirle la alegría, el gozo, el optimismo, la fe, y las bendiciones de vivir una vida cristiana. "Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente." (Sal 51.12) "Y asimismo gozaos y regocijaos también vosotros conmigo." (Fil 2.18)
La Biblia nos llama "bienventurados", que significa dichosos, felices. Los cristianos deberíamos ser las personas más alegres de este mundo puesto que experimentamos el gozo de la salvación. Ver la vida desde una cosmovisión cristiana es verla con fe, esperanza y optimismo. ¿Cuál es el ambiente que hemos creado en nuestro hogar? ¿Qué percepción tienen ellos de la vida cristiana? He observado que es muy fácil caer en el legalismo con nuestros propios hijos y, sin querer, contribuir a que rechacen el evangelio. Recordemos que el cristianismo es un estilo de vida, no una larga lista de prohibiciones.
10. Guiarles en su proceso de maduración, ayudándoles a desarrollar su capacidad crítica. "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." (Fil 1.6)
Cada ser humano es diferente. A veces esperamos que nuestros hijos sean como nosotros en todo, y eso es imposible. Dios tiene para cada uno en especial un tiempo y una forma de aprendizaje. Evitemos coaccionar o imponer con autoritarismo. Recordemos que una cosa es autoridad y otra autoritarismo. Nuestros hijos tienen el derecho de pensar por sí mismos, de verter sus opiniones personales y defender sus puntos de vista. Ha habido ocasiones en que hemos sostenido largas charlas con mi hijo adolescente y su padre y yo nos hemos reído con satisfacción al escuchar cómo defiende sus convicciones.
11. Sembrar en sus corazones compasión por el mundo perdido. "Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas." (Mr 6:34)
Una cosmovisión cristiana va a situar a nuestros hijos en un lugar definido en este mundo y les va a dar un sentido de misión. Ellos aprenderán desde pequeños que son salvos por la fe y que viven en un mundo que necesita de esa gracia y misericordia que ellos y su familia han experimentado. Si nuestros corazones exhalan el verdadero amor de Cristo por el mundo perdido y necesitado, no va a ser difícil transmitírselo. Cuando algo es auténtico se palpa, se siente, y se transmite.
12. Conversar acerca de las ventajas y desventajas de ser hijos de pastores. "Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos." (2Co 12.15)
La forma en que enfrentamos las demandas ministeriales también va a ser clave para ellos. ¿Cómo percibimos el ministerio cristiano? Creo que sería realista reconocer las ventajas y desventajas de ser hijos de pastores. ¡Porque las hay de ambos lados Pero qué bueno es hacer énfasis en las ventajas y las bendiciones y reírnos junto con ellos de la forma como enfrentamos y asumimos las desventajas.
Creo que tejemos a lo largo de la crianza de nuestros hijos una gran red. En principio, una red de relaciones significativas que perdurarán toda la vida. Pero, también, de enseñanzas, principios y valores que constituyen la base para sus decisiones y acciones futuras. La clave para que enfrenten con seguridad el futuro radica primeramente en su relación personal con Dios; por eso, es esencial que en esa red hayamos podido entretejer la palabra de Dios, sus absolutos, su amor incondicional y los valores necesarios para percibir la vida de una manera diferente.
Le agradezco a Dios porque finalmente es sólo el Espíritu Santo quien puede confirmar en nuestros hijos una cosmovisión cristiana guiándolos a toda verdad y equipándolos para que estén listos a defender sus convicciones.
Que Dios nos ayude a todas en esta noble tarea.
Patricia Adrianzén sirve en el Ministerio Pastoral, junto a su esposo en Lima, Perú. Es también escritora y editora.
Socios plenos y activos
Por Esly Regina Carvalho
El rol de los hombres en la formación y el desarrollo de sus hijos es invalorable. El aporte que hacen al hogar es una parte esencial de su llamado en la vida y no debe ser postergada, ni desatendida.
No hemos logrado comprender la absoluta importancia del rol del padre en la familia. Todos los días, como psicóloga y cristiana, veo a los papás dejar sus huellas en sus hijos, ya sea por su participación en la vida de ellos o por su ausencia en esta tarea.
Por eso, es fundamental recordar que el lugar del padre en la crianza de sus hijos es una de las piezas fundamentales para que las personas alcancen la plena madurez en la vida.
¿Por qué el padre es importante?
En primer lugar, el propósito de Dios es que todos tengan un padre. Cuando Dios creó a Adán y a Eva, hizo también a la primera mamá y al primer papá, y nunca tuvo la intención de que las personas se desarrollaran con la ausencia de alguno de ellos, pues en sus planes cada uno cumple una función esencial en la crianza de los hijos.
Por esto debemos afirmar que nuestra cultura de madre soltera va directamente en contra de los propósitos de Dios. Si los papás no hicieran falta o no fueran importantes, Dios no se hubiera molestado en proveer para Jesús un papá terrenal. Él, sin embargo, puso a José en la vida de Jesús, no solamente para darle legitimidad a la familia del Mesías, sino para ayudarlo, como padre, en su crianza. Vemos, por ejemplo, que a la edad de doce años Jesús todavía tenía presente e involucrado en su vida a José.
En esos tiempos se esperaban del padre dos tareas significativas: que capacitaran a sus hijos en un oficio y que les transfirieran una acabada formación espiritual.
La primera tarea aseguraba que en el futuro, un hijo pudiera sustentar a su familia y evitara, de esta manera, el crimen o la holgazanería. Se esperaba entonces que los varones llegaran a ser ciudadanos productivos, pero como esa sociedad no contaba con escuelas que proveyeran este tipo de educación, la responsabilidad recaía sobre los padres. En primera instancia era al papá a quien le correspondía enseñar las Escrituras a sus hijos, especialmente porque, en general, eran los hombres quienes sabían leer y escribir. En ese entonces además, como no había disponibilidad de contar con ejemplares impresos de la Palabra de Dios, se acostumbraba memorizarla y guardarla en el corazón. La evidencia señala que José cumplió muy bien con estas dos funciones de padre, pues Jesús se desempeñó en el mismo oficio que él también era carpintero y demostró un asombroso conocimiento de la Palabra, la cual manejó en forma precisa y cómoda durante su ministerio.
En la actualidad, el papá es también la figura principal que transmite la imagen de DiosPadre. Nuestro vínculo emocional con el Señor se relaciona directamente con nuestra conexión paternal, seamos conscientes de esto o no, y la manera en que nos desenvolvemos con nuestro Creador está muy ligada a la forma en que nos comportamos con nuestro padre terrenal. Por ejemplo, si tuvimos un padre severo esperaremos de Dios la misma severidad, mas si nuestro padre fue bondadoso estaremos expectantes de las bendiciones divinas. Esta es la razón por la cual muchas personas deben trabajar y sanar su relación con su padre terrenal: para desarrollar una intimidad y cercanía emocional con su Salvador.
No hay duda de que Jesús disfrutó de una intimidad con Dios que ningún otro ha tenido, pero es muy probable que esta se deba al vínculo desarrollado entre él y José. ¿Cuántas horas habrán pasado juntos en el taller de carpintería?, ¿cuántas enseñanzas le habrá transmitido José de su propia experiencia?, ¿cuánto tiempo habrá invertido en la vida de Jesús para que él tuviera entendimiento y conocimiento bíblico? Toda esa labor le enseñó a Jesús que él era importante para su papá, y que José había hecho de la crianza de su pequeño una prioridad.
La Biblia también enseña que el hombre es la cabeza del hogar. Hay estudios muy interesantes en los cuales se demuestra que cuando un joven llega a los pies del Señor, posiblemente 20% de los miembros de la familia también se convertirán. Si es la mamá la que conoce a Jesús, cerca de 30% de la familia se convierte, pero si es el papá quien es llamado por el Señor, más de 90% de la familia también lo hará ¡Creo que la conclusión es absolutamente clara! Donde va la cabeza, va el cuerpo. Donde va el papá, la familia lo sigue. Cuando el papá anda bien, la familia es estable y estructurada, pero si él actúa mal, los familiares deben ir «contra corriente» para no arrastrar a todos por el mismo camino. Además, si esto ocurre cae sobre la mujer una carga que no le corresponde y se desarrolla una alta probabilidad de que los hijos especialmente los varones sigan el ejemplo del progenitor.
Finalmente, debemos entender que es el papá quien define y confirma la sexualidad de sus hijos. De la misma manera en que el espermatozoide ( ( masculino) determina el sexo del bebé que nacerá, también la participación masculina en el hogar establecerá en la mayoría de las veces la orientación sexual de los hijos. Vivimos en una cultura donde los hombres suelen estar en dos extremos: 1) los "malos" que son abusivos (alcohólicos, golpeadores, gritones, etc.); 2) los «buenos» que son personas emocionalmente distantes. Ambos modelos no sirven. Un papá sano (y sanador) ampara a sus hijos, los cuida y protege, no solo dándoles dinero, sino ofreciéndoles amistad, cariño e intimidad emocional.
De esta forma también los ayuda a afianzar una sana sexualidad.
Por otro lado, debemos mencionar también que el peor error de un padre es dejar en manos de la madre la crianza de sus hijos. Esto sucede muy a menudo y, cuando los hijos «no salen bien», el papá culpa a la madre «por no haber criado bien a los hijos». Pero la educación de los hijos es tarea de los dos. A veces vemos hijas que no han recibido el afecto apropiado de su padre y terminan buscándolo en los brazos de otros hombres (por esto vemos tantas niñas embarazadas y madres solteras). En otras ocasiones se encuentran hijos que no obtuvieron la atención adecuada y apropiada de su padre y por tanto, van a otros hombres para tratar de compensar su carencia. En estos casos también suele ocurrir que, inconscientemente, muchos varoncitos observan la conducta de su papá (abusiva o distante) y piensan: «si ser hombre es ser como mi papá, no quiero ser hombre ... », de ahí el creciente número de homosexuales en nuestros países
En este mismo sentido, no debemos olvidar que hay acciones que solamente un varón puede efectuarlas, y aunque muchas madres solas han sido «madre y padre» para sus hijos, la verdad es otra. Es posible que hayan realizado tareas de papá, pero no pueden cumplir ese rol porque no son hombres. Esta labor solamente puede hacerla un hombre.
¿Qué pasa con los padres de familia hoy?
Creo que no hay duda de que los papás de hoy están bajo un fuerte ataque. El enemigo conoce muy bien su importante función dentro de la familia y la sociedad (tal y como la describo en este artículo) y cuenta con una planeada estrategia para atacar y destruir a las familias; por supuesto, la arremetida contra los hombrespapás es de lo peor, por ejemplo, el movimiento gay, el cual es apenas una de las consecuencias de la crisis de masculinidad que hoy vivimos. Además, como muchos padres no tuvieron buenos modelos tampoco saben cómo cultivar una relación más sana. Por eso es tan importante que los hombres curen sus heridas y sean restaurados y libres: solo así lograrán ser los padres que Dios desea.
Otra lucha está relacionada con las maldiciones generacionales. Personalmente no opino que estas sean solamente espirituales sino que de cierta manera se expresan también en la vida emocional, pues se transmiten los modelos aprendidos. Esto también es una forma de maldición y resulta importante entender que hay componentes espirituales en los hombres que requieren de una liberación espiritual. Creo firmemente que la nuestra puede ser la generación que le dice «basta» a esta situación, pero para obtener la victoria debemos adoptar un espíritu de lucha y superar las diversas clases de ataque sufridas por nuestras familias.
¿Qué hacer para cambiar esa situación?
En primer lugar, debemos tomar conciencia de la situación y trabajar para cambiarla. Mientras sigamos negando la realidad o desestimando los efectos de estos patrones disfuncionales en la familia, será muy difícil lograr un cambio. Es importante también ser honestos y buscar la sanidad que puede conducir a la transformación.
Dios ha estado hablando a mi corazón en estos últimos años, diciéndome que sin sanidad no hay santidad. Por tanto, si queremos andar en los caminos trazados por Dios para nosotros, su perfecta voluntad, buena y agradable, deberemos buscar la sanidad para nuestros corazones heridos. El camino más fácil es decir que el problema es de los demás; sin embargo, mientras no asumamos nuestra responsabilidad en el asunto, nada cambiará. ¡Somos tantos los que vivimos con las consecuencias de una vida difícil en nuestra infancia! Pero Dios trae sanidad sobre sus alas (Mal 4.2) y desea profundamente vendar nuestras heridas para que nos parezcamos al Señor Jesús. Nuestro Padre celestial está comprometido con nuestra santidad y hará todo lo necesario para llevarnos a esto. ¡Cuánto más fácil será el proceso si nosotros colaboramos con él!
También nos corresponde buscar ejemplos sanos. Una vez que empiece el proceso de sanidad es preciso aprender todo lo que nos falta. El apóstol Pablo nos insta a «imitar lo bueno», por lo que debemos escudriñar y encontrar buenos modelos para incorporarlos a nuestra vida.
En esto, creo que la Iglesia juega un papel fundamental. Muchas familias no tienen un papá que sirva de ejemplo, pero otros hombres en la iglesia pueden «adoptar» a hijos varones de mamás solas, buscando invertir tiempo en ellos. Para satisfacer esta necesidad, sería importante que las iglesias promovieran eventos donde los hombres pueden interactuar con los varones más jóvenes, facilitando el proceso sanador: organizar juegos de fútbol o béisbol, salir a tomar un café o helado juntos, asistir juntos a espectáculos, retiros u otras actividades donde los varones tienen oportunidades para la convivencia. Muchas mamás no saben qué hacer cuando no tienen a un abuelo, hermano o tío que pueda cumplir esa función en la vida de los varones. La Iglesia puede y debe contribuir para esta función. No se requiere más que hombres sanos dispuestos a tomar el tiempo para estar con quienes necesitan de su compañía.
Todo esto no va a ser posible sin esforzarnos. En los últimos años han surgido varios movimientos para la integridad de los hombres, pero necesitan perseverar a lo largo del tiempo. Nuestro compromiso debe ser tal que podamos influir toda una generación de hombres, logrando quebrar los modelos inadecuados e instalando los modelos bíblicos. Por encima de todos estos, debemos estar dispuestos a exaltar e imitar el modelo del Varón Perfecto, el Señor Jesús.
La autora, brasileña, es psicóloga, psicoterapeuta, consultora y capacitadora, fundadora de Plaza del Encuentro en 1998; también es autora de varios libros, manuales y artículos en la área de salud emocional y comunitaria, consejería, bibliodrama, psicodrama y psicoterapia de grupo, y EMDR. Ha vivido y trabajado en Brasil, Bolivia, Ecuador y los Estados Unidos de América, donde actualmente reside con su esposo Kent.
Tomado de la revista Apuntes Pastorales.

|
|
La
juventud y el Dinero
Explorando conceptos bíblicos financieros para enseñar a
nuestros jóvenes
(Por Andrés G Panasiuk – Conceptos Financieros
Cristianos)
En 1994 la hermana de Marcela murió en un accidente automovilístico.
La joven era una madre soltera adolescente. Murió junto a su hijito de diez
meses. En 1995 Marcela, que ya había cumplido dieciocho años, recibió unos
quince mil dólares como resultado de un arreglo especial en el juicio a la
compañía del camión que destrozó el auto de su hermana. Con ese dinero Marcela
se compró un auto importado "cero kilómetro". En menos de dos años, Marcela
nuevamente fue a ver al vendedor de autos y cambió su vehículo usado por otro
importado nuevo. Ahora Marcela tiene un auto deportivo rojo, importado e
impecable, y una deuda de cuatro mil dólares. ¿Qué es lo que suena "raro" en
esta historia verídica que acaba de leer?
Dejando las consideraciones emocionales a un lado y en manos de
buenos consejeros familiares, lo más obvio es que Marcela desperdició el dinero
que recibió como resultado del juicio por la muerte de su hermana. Si esta joven
hubiera reconocido el principio de que nada nos pertenece sino que todo lo que
tenemos nos lo ha dado Dios, y nuestra tarea es la administración de esos
recursos, quizás igualmente hubiera hecho alguna otra tontería ¡pero no hubiera
derrochado diecinueve mil dólares en el proceso!
Cuando padres, directores o maestros de escuela nos invitan a hablar
con los jóvenes, nuestra enseñanza se concentra en, por lo menos, dos principios
importantes para sus vidas:
1. Reconocer que Dios es dueño y nosotros somos sus
administradores
Normalmente les pregunto a los jóvenes qué harían si una tía rica les
regalara quinientos dólares para su cumpleaños, y escribo lo que me digan a la
izquierda de la pizarra. Las respuestas varían desde "comprar ropa, ropa,
ropa..." hasta "invertirlos en un negocio para hacer más dinero", pasando por
"comprarles algo a mis padres", "hacer una fiesta para mis amigos", "dar el
diezmo a la iglesia", y cosas similares. Luego les pregunto si de pronto,
esta noche mientras están durmiendo, su cuarto se iluminara con una luz
resplandeciente y el ángel Gabriel se les apareciera y dijera: "Dios me ha
enviado a confiar en tus manos estos quinientos dólares. Tu misión es gastarlos,
invirtiéndolos de la manera en que El mismo lo haría si viniera
personalmente".
Esta vez escribo lo que me dictan en la parte derecha del
pizarrón. Las respuestas ahora son "buscar a algún misionero que necesite
ayuda económica", "comenzar un ministerio", "ver si hay algo que se deba
arreglar en el templo", "invertir parte del dinero para que no se acaben los
fondos disponibles"... Entonces, escribo sobre la lista de la izquierda la
palabra "dueños", y sobre la lista de la derecha, la palabra
"administradores".
Esa es la diferencia entre creernos dueños de lo que nos hemos ganado
con el sudor de nuestra frente, y ser "administradores" de las posesiones, los
dones, las relaciones y el tiempo de vida que Dios confía en nuestras manos. La
Biblia afirma claramente: "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los
que en él habitan" (Salmo 24:1). Creernos dueños de lo que tenemos es seguirle
el juego al materialismo y usurpar el trono que le corresponde a Dios en nuestra
vida.
2. Aprender a discernir entre necesidades, deseos y
caprichos
Necesidades: Todos tenemos necesidades básicas, y
Dios creó nuestra mente y nuestro cuerpo para que ansiemos satisfacer esas
necesidades. Por otro lado, la misión de las oficinas de mercadeo en los
medios de comunicación social es, justamente, usar la ansiedad que sentimos por
satisfacer necesidades para vendernos cualquier cosa. Por eso hemos aprendido a
decir "necesito una computadora", "necesito otra radio", "necesito una cacerola
más grande" o "necesito un televisor a color" cuando, en realidad, lo que
queremos decir es que nos gustaría una computadora, otra radio o una cacerola
más grande... pero no las necesitamos. No son parte de nuestras necesidades
básicas para sobrevivir (alimento, vestimenta, salud, un techo que nos cubra,
etc.). El apóstol Pablo le dice al joven Timoteo, su amado hijo espiritual: "Así
que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto" (1 Timoteo 6:8).
Deseos: Cuando lo que queremos comprar está dentro
de la categoría de Necesidad básica pero es de mejor calidad, estamos hablando
de deseos. Por ejemplo, todos necesitamos comer y vivir bajo un techo,
pero un plato de arroz no cuesta lo mismo que un bistec, y un departamento de
dos cuartos no cuesta lo mismo que una casa de siete habitaciones con vista al
mar. Debemos proveer para nuestros deseos siempre y cuando contemos con el
dinero suficiente en nuestro presupuesto. Recordemos que el apóstol Pedro nos
enseña que nuestro "atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos
de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el
incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima
delante de Dios" (1 Pedro 3:3-4).
Caprichos: Por último, todo lo que no sea una
necesidad básica o un deseo, es simplemente un "gusto" o un "capricho". No
está mal tenerlos. Todos nos damos un gusto de vez en cuando. Sin embargo,
no deberíamos satisfacer un capricho hasta tanto nuestras necesidades estén
apropiadamente satisfechas y tengamos el presupuesto necesario como para
hacerlo. El pueblo de Dios sería mucho más grande si, como administradores de
los bienes divinos, invirtiéramos menos en nuestros caprichos y más en las
necesidades misioneras locales y foráneas. El apóstol Juan nos advierte: "No
améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. [...] Todo lo que hay
en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de
la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Juan 3:3-4).
No sólo los adolescentes necesitan aprender estos principios. A
veces creo que a nosotros, los mayores, no nos vendría mal darles una miradita
de vez en cuando.
Tomado del Consejero Bíblico www.luispalau.net <http://www.luispalau.net> usado con
permiso.
Andrés G. Panasiuk es licenciado en Ciencis de la Comunicación
Social, con especialización en Comunicación Interpersonal y de Grupo. Es
director para América Latina de Conceptos Financieros Cristianos. Vive en
Gainesville, Georgia, con su esposa Rochelle y sus dos hijas: Gabriela y
Danielle.
Sujetarse. ¿Hasta qué
punto?
por Jaime Mirón
Para las esposas, esto significa someterse a sus propios
maridos como se someten al Señor. Porque el marido es la cabeza de su esposa,
así como Cristo es cabeza de la Iglesia; Él dio su vida para salvarla. Así como
la iglesia se somete a Cristo, de igual manera las esposas deben someterse en
todo a sus respectivos maridos. (Efesios 5:22-24
NVV).
Una mujer recién
casada nos escribió la siguiente carta: «Cuando nació mi primer bebé, mi esposo
se opuso a que yo trabajara fuera de la casa. No creo que me malentienda,
yo quiero a mi hijo, es mi mundo, y obedezco a mi esposo pero estoy resentido
que mi esposo me quiere controlar. ¿Qué hago? No quiero perder mi
matrimonio como lo han hecho todos mis hermanos». La Biblia dice que debe
sujetarse a su esposo, pero...
Sujetarse es una
actitud, mientras que obedecer es la acción que generalmente resulta de tal
actitud. Sumisión es «reconocimiento y aceptación voluntaria de la
autoridad de otra persona.» Es posible que haya obediencia sin sujeción.
Sucede a menudo cuando uno obedece de mala gana,con amargura. No es ésa la
voluntad de Dios ya que tanto valor tiene la actitud como la acción misma. Sin
embargo, también existe la posibilidad de sujetarse (mantener una actitud
piadosa) sin obedecer, y aún estar dentro de la voluntad de Dios.
La
sujeción bíblica también se define como «aceptar que Dios puede perfeccionar su
plan para mi vida a través de la persona que El ha puesto en autoridad sobre
mí.» La mujer debe tener confianza en que el esposo será instrumento de
Dios para que en ella se cumpla la voluntad divina. A través de los años
nuestra experiencia ha mostrado que, además del gozo que puede experimentar la
mujer al obedecer al Señor en asuntos hogareños, ella siente alivio al
comprender el significado de la línea de autoridad bíblica.
Una
tercera definición de sujeción es: «Vaciarse del yo voluntariamente, es decir
crucificar el orgullo, y en su lugar tener el deseo y propósito de
servir.» Es una actitud que reconoce la autoridad que Dios le haya dado a
otro a pesar de las debilidades humanas de ese otro. Sujetarse es estar
libre del deseo de hacer las cosas siempre a mi manera. Es una actitud que
por lo general resulta en obediencia.
Asimismo, vosotras
mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, de modo que si algunos de ellos son
desobedientes a la palabra, puedan ser ganados sin palabra alguna por la
conducta de sus esposas... Porque así también se adornaban en otro tiempo la
santas mujeres que esperaban en Dios, estando sujetas a sus maridos. Así
obedeció Sara a Abraham, llamándole señor.... (1 Pedro 3:1, 5-6).
La sujeción no
implica inferioridad ni superioridad. Jesús gozaba de una relación íntima con su
padre, una relación al mismo nivel, y sin embargo estaba sujeto. Sujeción
tampoco sugiere que uno no tenga ni comparta una opinión; eso sería negar el
profundo significado de y los dos serán una sola carne (Efesios 5:31).
Sujetarse es ponerse bajo la autoridad de otro en forma voluntaria y porque Dios
lo ha ordenado.
OBEDIENCIA
LIMITADA VS. ILIMITADA
Muchos me han
preguntado hasta qué punto una mujer debe obedecer a su marido, en forma
especial si él no es de Cristo. De acuerdo a la Escritura, creo que la esposa ha
de sujetarse y obedecer mientras eso no signifique cometer un pecado personal.
Dios desea que haya sujeción al esposo en tanto que ello no implique violar un
principio bíblico.
Algunos sostienen que
ella no es responsable cuando obedece a su esposo, y alegan que ante los ojos de
Dios su marido es el responsable de lo que ella hace en obediencia a él. No
estoy de acuerdo. Como hija de Dios ella tiene la responsabilidad de vivir en
santidad.
Cuando un esposo ordena
que su esposa cristiana haga algo que, evaluado a la luz de la Sagrada
Escritura, implicaría cometer un pecado, el hombre está creando un conflicto
entre la autoridad de Dios y la humana. Ambas son autoridades hacia
quienes la Biblia demanda sumisión.
A
continuación menciono algunos ejemplos de autoridad humana en conflicto con
enseñanzas divinas: (En cada caso las mujeres eran cristianas.) Un estafador en
Sudamérica pidió a su esposa que participara en sus robos. Un empresario
norteamericano quiso que su mujer tomara parte en una fiesta –en realidad una
orgía-- donde tendría relaciones sexuales con otros hombres. Un caso difundido
por televisión donde un hombre deseaba que su esposa se acostara con el jefe de
él a fin de conseguir una promoción y mejor salario. Otro caso en Latinoamérica
cuando un padre ordenó a su propia hija que se hiciera prostituta para
incrementar la ganancia de la casa. En tales situaciones la sumisión al
esposo --o padre-- no incluye los actos pecaminosos --es decir que existe la
libertad bíblica de no obedecer.
Sin
embargo, un entendimiento correcto de la sujeción bíblica deja en claro que no
debemos usar tal libertad como pretexto para hacer el mal. La exhortación es no
uséis la libertad como pretexto para la maldad, sino empleadla como siervos de
Dios (1 Pedro 2:16). La libertad que Dios da para no obedecer sólo se
emplea en casos en que la obediencia implique pecado, pero jamás para zafarse de
un compromiso marital.
Los
ejemplos mencionados resultan obvios, sin embargo no todas las situaciones son
tan fáciles de discernir. Es necesario tener principios guías.
La
experiencia de Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3) nos brinda pautas de ayuda
en la decisión de conflictos morales. La situación de estos muchachos es
semejante a los ejemplos anteriores. A estos tres judíos temerosos de Dios
una autoridad humana les ordenó hacer algo que Dios claramente prohíbe (adorar a
un ídolo) y que está en contra de sus leyes (Éxodo 20:2-5). Por otra parte Dios
nos exhorta a sujetarnos a la autoridad humana (Romanos 13:1-8; 1 Pedro 2:13-17;
Tito 2:1). Por eso decimos que existe un conflicto moral entre obedecer la
autoridad del hombre y seguir los mandatos de Dios.
Los principios
que observaron Sadrac, Mesac y Abed-nego son tan contemporáneos hoy como lo eran
en tiempos de Daniel. Dice el profeta: El rey Nabucodonosor hizo una
estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la
levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia... Y el pregonero
anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que
al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio,
de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua
de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y
adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego
ardiendo...
Por esto en aquel
tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos.
Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia
de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han
respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado.
Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y
Abed-nego. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Estáis dispuestos para que al oír...
de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho?
Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno
de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac,
Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario
que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos
puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.
Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la
estatua que has levantado.
1) La
intención de Dios es que la autoridad divina y la humana estén en armonía, y su
voluntad es que nos sujetemos a la autoridad de quienes están en eminencia
(Romanos 13:1-8).
2) Cuando
haya conflicto entre la ley divina y la ley humana, o entre la autoridad divina
y la humana, siempre es consecuencia de que la persona que representa el poder
humano se ha apartado de los límites de autoridad otorgados por Dios.
Consecuentemente, obedecer semejante mandato humano (adorar al ídolo, participar
de una orgía, etc.) sería violar la Palabra de Dios.
3) Si nos
halláramos frente a tal dilema, no debemos dudar en obedecer la ley de nuestro
Dios (Daniel 3:15,16).
4) Cuando
esa obediencia signifique oponerse a la autoridad humana, odemos contar con el
poder y la protección divinos (Daniel 3:17).
5) Debemos
estar preparados para aceptar las posibles consecuencias de la obediencia al
Dios vivo frente al enojo, la ira y la oposición humana (Daniel 3:18).
6) Aunque en
casos de conflicto como los citados debemos obedecer a Dios antes que a los
hombres, la postura bíblica --pase lo que pasare- es una actitud de sumisión y
respeto a la autoridad humana -rey, esposo, jefe, dueño (Daniel 3:16).
7) Una
sugerencia final (sin conexión con Daniel 3) es el principio de la sustitución.
En vez de declarar un "no" categórico, es aconsejable proponer una alternativa:
lograr los mismos propósitos básicos que la autoridad humana tiene en mente,
pero sin violar los principios divinos. (Véase Génesis 39 y Hechos 5:21-41.)
Tomado con permiso del libro "Mi esposo no es cristiano.
¿Qué hago?" publicado por Editorial Unilit.
|
|
Terminar bien
Todos estamos en la carrera y todos queremos terminarla con honra y goza. ¿Qué puedo hacer hoy que me garantice que llegaré bien al último tramo?
Por: Esly Regina Carvalho
¿Cómo se hace para terminar bien la carrera cristiana? Con el pasar de la vida he tenido que darle cada vez mayor consideración a esta cuestión fundamental. A lo largo de mis años de ministerio he visto a muchos líderes prometedores contribuir significativamente a la extensión del Reino. No obstante, algo ocurrió en sus vidas que les impidió terminar bien. Esto me ha llevado a buscar la respuesta a la pregunta: ¿cómo hago para terminar bien mi carrera?, ¿cómo debo vivir hoy para llegar bien al último tramo de mi vida? Estas son algunas de las áreas que, según creo, debemos cuidar:
Empezar bien
Debemos, primeramente, empezar bien. No se puede subestimar la importancia de un buen discipulado, de conocer la Biblia, de cultivar una vida de integridad. Lamentablemente en muchas ocasiones las personas conocen al Señor y en seguida son colocadas en posiciones de liderazgo sin que estén preparadas para esta responsabilidad. Empezar así es una receta segura para el fracaso. Para ser líder, uno debe aprender a servir.
Empezar bien requiere además que tomemos decisiones sobre cuestiones fundamentales de la integridad: ¿seremos fieles, en lo poco?, ¿manejaremos con honestidad el dinero?, ¿seremos sabios en el uso del tiempo?, ¿cuidaremos nuestra relación con la familia, con nuestro cónyuge? Dios nos estará mirando y evaluando en estas áreas. A veces, sin embargo, pensamos que estas cosas se pueden "dejar para más adelante" mientras intentamos afianzarnos en el ministerio. Empero, la urgencia de lo inmediato se irá «comiendo» nuestras prioridades y la persona que no ha pensado cuidadosamente sobre estos temas de seguro naufragará tarde o temprano. Lo que somos cuando nadie nos está mirando afectará dramáticamente nuestro futuro como líderes, pues el enemigo estará buscando, precisamente en ese ámbito, su oportunidad para destruir nuestro testimonio.
Caminar con él
En segundo lugar, hemos sido llamados a cultivar nuestra intimidad con Dios. Nada nos hará caer más rápido que la falta de una relación significativa con él. Los líderes suelen ser personas muy capaces, en términos humanos. Pueden hacer muchas cosas con sus propias fuerzas. Solamente con el pasar del tiempo se van a dar cuenta de que el Espíritu de Dios no está presente como podría estarlo cuando el ministerio está cimentado en una relación sólida con Dios. No podemos parecemos a Jesús si no estamos pasando tiempo con él.
¡Existen demasiados líderes que confunden el trabajar en el ministerio con la intimidad con Dios! El gran mandamiento no nos ordena trabajar para el Señor, sino a amar a Dios por encima de todas las cosas. Así, de todos los compromisos que pueden afectar la forma en que terminamos la carrera, ninguno será tan fundamental como éste.
Mantener las prioridades
Debemos buscar del Señor cuáles son Sus prioridades para nuestras vidas, nuestro matrimonio, nuestro ministerio y este momento particular de vida que nos toca vivir. Una vez que las hayamos establecido, él nos llama a que seamos fieles en mantenerlos hasta que él mismo no nos indique otra cosa. De otro modo corremos con el peligro de andar tras lo que se nos presente en el camino, como el dinero, el prestigio y el poder. Todo esto acabará, eventualmente, con nuestra vida y ministerio.
Poner los ojos en la llegada
Debemos asumir el compromiso de terminar bien. Esto parece algo muy obvio, no obstante, muchas personas no piensan que es necesario pensar en esto mientras estamos en la carrera. Sin embargo, si ponemos la vista en la meta, en los momentos más duros de la carrera siempre podremos evitar decisiones equivocadas. Esto será particularmente importante en dos áreas de la vida:
1. Frente a las tentaciones. La Biblia nos enseña a ¡huir de las tentaciones! La persona que pasa tiempo mirando las vitrinas de Satanás, acabará entrando para comprar algo. Es mejor evitar «sus tiendas». Alcanza y sobra con las tentaciones que la vida pondrá en nuestro camino sin salir a buscar desafíos adicionales, exponiéndonos innecesariamente a las artimañas del enemigo. Debe resaltarse sin embargo que solamente lograremos vencer las tentaciones con el poder, el discernimiento y la fortaleza que vienen de lo alto. De nada nos servirá asumir el rol de súper-héroes espirituales, pues quien subestima el peligro de las tentaciones se abrirá al fracaso.
2 . Frente a la apariencia del mal. Muchos cristianos piensan que si hacen las cosas con inocencia no hay ningún mal en esto, pero la Biblia afirma que debemos evitar hasta la apariencia del mal. Quizás otros nos tildarán de "cuadrados" pero yo prefiero terminar la carrera siendo «cuadrada» (como han considerado muchos a Billy Graham en su afán de mantener la integridad) que «redonda», como otros que han caído en inmoralidad.
Perseverar
Nuestro compromiso debe ser seguir adelante, incluso cuando aparentemente no tenga sentido hacerlo. Todos experimentamos etapas en la vida en las cuales no entendemos lo que Dios está haciendo con nosotros. Todos pasamos por momentos de tribulaciones, tal como Jesús nos lo anunció. En esos momentos luchamos con la fidelidad al Señor y cuestionamos su bondad hacia nosotros. Nos preguntamos: «¿puedo seguir adelante aunque no tiene sentido lo que me está pasando?, ¿puedo avanzar aún cuando mi corazón está quebrantado por el peso del dolor?, ¿es posible seguir aún cuando siento que no podré aguantar el peso siquiera de una última gota?». Empero, en los momentos que nos sentimos tentados a buscar otra solución o alternativa, debemos abrazarnos a la convicción de que solamente Jesús tiene palabras de vida. Dios es fiel y su fidelidad y sabiduría nos llevan a pasar por los momentos más duros.
Vivir para él
La carrera a la que hemos sido llamados solamente podremos correrla si poseemos un corazón totalmente entregado a Dios. Una casa dividida no puede mantenerse en pie, ni se puede servir a dos señores. Aunque muchas veces hemos intentado «tener un pie de cada lado», la palabra claramente nos revela que existen solamente dos posturas en la vida: somos totalmente del Señor o somos totalmente del enemigo. Realmente no existe la forma de mantenerse entre dos mundos. Tarde o temprano vamos a caer a un lado del muro o al otro; es solamente una cuestión de tiempo.
Cuidar el llamado
De vez en cuando es bueno que volvamos a nuestro llamado original. En esos momentos, debemos preguntamos: «¿estoy haciendo aquello que Dios me llamó a hacer?», «¿estoy siendo transformado cada vez más a la imagen de Jesús?», «cuál es el fruto de mis manos?». La Biblia dice que seremos conocidos por nuestro fruto, no por nuestra actividad o por lo apretado de nuestra agenda. Entonces, cuando terminernos la carrera se debe poder identificar un claro legado para las próximas generaciones. Esto significa que nuestro llamado debe concentrarse en levantar obreros que van a seguir la obra del Señor cuando nosotros ya no esternos presentes.
Yo estoy convencida de que en esta etapa de mi vida una parte esencial de mi llamado es compartir, transmitir y enseñar todo aquello que me llevó tantos años aprender. Cuando llegue el día de partir para el hogar, con Jesús, quisiera poder mirar para atrás y ver una multitud de personas llevando adelante el ministerio en el cual Dios me permitió ser pionera. Sin embargo, para llegar a este punto, he asumido el compromiso y estoy concentrada en formar una nueva generación de «ministros de la reconciliación». Quisiera que otros aprendan todo lo que yo sé, todo lo que he cultivado en el ministerio. Anhelo además un estilo de enseñanza en el que no busque guardar para mí los «secretos de la profesión». No solamente esto, sino que también deseo que los que sean formados puedan tomar mi experiencia y hacerla suya, con sus propias particularidades, y agreguen a ella sus propias vivencias. De este modo ellos podrán, eventualmente, bendecir a otras personas a su manera, con su propio estilo de ministerio.
Ser imitadores
Finalmente, creo que la carrera demanda de nosotros que busquemos imitar los buenos ejemplos de otros que también han corrido exitosamente la carrera. Seguramente podemos pensar en muchos casos de personas que fueron llamadas, pusieron la mano en el arado y, luego, miraron para atrás. No obstante, los buenos ejemplos son los que más impactan nuestra vida, pues no se puede vivir simplemente con la filosofía de evitar los errores que otros cometieron. Yo he sido muy afortunada en que mis cuatro abuelos fueron creyentes y cada uno de ellos terminó bien la carrera. Aunque eran personas muy sencillas, estaban profundamente comprometidas con el Señor. No fueron famosos. No escribieron libros. No dejaron grandes fortunas materiales. No obstante, me dejaron un incomparable legado: cómo terminar bien.
La autora es psicóloga, de nacionalidad brasileña, con larga experiencia como terapeuta en psicodrama y capacitadora en esta modalidad de consejería familiar. Ha vivido y trabajado en Brasil, Bolivia, los Estados Unidos de América y Ecuador donde actualmente reside. Es coordinadora de Exodus Latinoamérica, además de mantener su práctica privada en Quito.

|
|
A medida que el frío invierno desaparece, las señales de nueva vida anuncian la llegada de la primavera. Los azafranes asoman su vibrantes y multicolores cabezas a través del frío y desierto suelo. Vellosos brotes verdes surgen de las ramas de los árboles, prometiendo un frondoso follaje como en años anteriores. Y mugrientos osos salen de su largo período de hibernación, listos para enfrentar el reto de un nuevo año.
Así como la primavera provoca una nueva estación de crecimiento en el ciclo de la naturaleza, Dios a menudo desea producir una nueva estación de vida en nosotros. Para mi familia, este ciclo comenzó con una agitación colectiva. Nos mudamos seis veces, y el resultado fue angustia emocional, confusión y tristeza por la pérdida de amigos, parientes e iglesia. Fuimos puestos a prueba de todas las formas social, económica y espiritualmente. Los ascensos labores se convirtieron en despidos. Las oportunidades para el ministerio se desvanecieron con cada nueva mudanza. En pocos meses, habíamos pasado de un abundante éxito a un modo de vida de supervivencia.
Mis esperanzas se habían quedado atrás como una maleta olvidada, y tuve que luchar con la idea de si podía en realidad confiar en Dios y en Su gracia. En medio de esta crisis y de la posterior acción de Su Espíritu en mi vida, descubrí una nueva verdad: el Dios de la Creación es el Dios de los nuevos comienzos.
El poder para unos nuevos comienzos
El mismo Dios que hizo todas las cosas en Génesis, sigue teniendo el poder para hacer una nueva creación en las vidas de Su pueblo hoy. Las primeras tres palabras hebreas de la Biblia, Bereshith bara Elohim. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1), contienen la clave para comprender la naturaleza creadora del Señor. Cada una de estas palabras tiene su propio significado importante, que apunta al propósito de Dios en la Creación.
La primera palabra en la Escritura es bereshith, o “en el principio”. Dios estuvo presente en el comienzo de toda la Creación. Estuvo allí antes de que el tiempo existiera, antes de que el sol, la luna y la tierra fueran formados.
La naturaleza inventiva de Dios no desapareció después de la Creación; continuó hasta que Él inició un nuevo pacto a través de Abraham, organizó una nueva nación en Israel, y estableció un nuevo reino a través de Su Hijo Jesucristo. Dios nos conoció a cada uno de nosotros en el momento de nuestro comienzo personal. ”Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien” (Salmo 139:13-14), y tiene un maravilloso plan creador para nuestras vidas que anhela llevar a cabo, aunque eso implique hacer ajustes al plan original
”Por que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparo de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
La segunda palabra en Génesis es el verbo que se traduce como “crear”. La palabra bara refleja tres importantes características del trabajo de Dios en la Creación. Primero, es utilizada sólo en conjunción con lo divino; por tanto, Dios es el único que verdaderamente crea de esta manera. Bara indica también que Dios crea a partir de la nada. Como dice Romanos 4:17, Dios “llama las cosas que no son, como si fuesen”. Es decir, Él no necesita de ninguna materia prima. En Génesis no hubo ninguna estructura, ninguna sustancia preexistente para moldear. Dios tomó un universo amorfo, vacío y oscuro, y produjo luz, agua, estrellas, plantas, animales y, finalmente, la humanidad. Pero, además, la palabra sugiere nuevas condiciones; la mano creadora de Dios da inicio al cambio.
La tercera palabra del capítulo 1 es Elohim, un sustantivo plural traducido como “Dios”. El nombre implica que los tres miembros de la Trinidad tuvieron parte en la creación del universo. “Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1:2) dice que el Espíritu Santo se movía sobre las aguas, muy parecido a como revolotea un águila sobre sus polluelos “Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas“ (Deuteronomio 32:11). El Padre realizó la Creación con Su Palabra (Verbo), lo que hace aparecer la estructura y la forma. Jesús era ese mismísimo Verbo, que al final “Y aquel Verbo fue hecho carne , y habitó entre nosotros ( y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). En efecto, el acto de la Creación requirió que los tres miembros de la Deidad realizaran su increíble obra.
Dios estuvo en el comienzo de toda la creación. Por su poder, Él creó todo de la nada. Del mismo modo, cuando Dios se involucra en nuestro yermo erial de sueños y relaciones, éstos se vuelven productivos.
El propósito para unos nuevos comienzos
Dios tiene un plan y un propósito para nuestra vida, así como tuvo un propósito en Génesis. Él crea a cada persona con un propósito específico, y nos equipa para llevar a cabo la tarea. Cuando experimentamos tiempos de “vida latente”, Dios tiene el poder de producir nuevos brotes de vida y de logros después de nuestro invierno personal.
La capacidad que tiene el Señor para crear de nuevo, renueva el propósito en todas las etapas de la peregrinación cristiana. Para el nuevo creyente, esto significa una regeneración de espíritu que toca las condiciones externas de la vida. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Para el veterano seguidor de Cristo, puede significar un nuevo despertar de antiguas aspiraciones y metas. Así como una planta en flor muere y se esconde debajo del suelo durante el invierno, en la siguiente primavera esa planta a menudo crece con mayor vigor y florece más abundantemente.
Y para aquellos que están experimentando una inmensa esterilidad o postración, Dios provee las semillas de una nueva cosecha y hace que su propósito se cumpla. Los matrimonios secos y sin vida experimentan un nuevo dinamismo cuando Dios les insufla una nueva vitalidad. Una empresa económica fracasada o una promesa olvidada del pasado surgen a la superficie una vez más. Lo que aparece estar muerto y perdido despierta al toque de Dios. Él tiene el poder de tomar unas tierras completamente desérticas y transformarlas en campos fértiles “Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa” (Isaías 35:1).
El plan para unos nuevos comienzos
En Juan 10:10, Jesús dice: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. La descripción que Él hace de la vida pudiera traducirse como “extremadamente abundante, superior, y más de lo necesario”. ¿Experimenta usted este dinamismo en su vida diaria? Haga un inventario sincero de su vida cristiana en estas áreas: espiritual, social, económica, física y mental. Luego pregúntese a sí mismo: ¿Qué componente se ha vuelto latente en esta área? ¿Qué pieza está faltando, o está perdida o destruida?
Si Dios desea restaurar o crear otra vez los elementos muertos o faltantes de su vida, ¿cómo podemos nosotros cooperar con el proceso?
1. Arrepiéntase. Pídale a Dios que le perdone. El problema pudiera ser no lo que usted ha hecho, sino lo que no ha hecho. En mi caso, tuve que pedir a Dios por mi actitud. Estaba llena de dudas, temores e incredulidad.
2. Perdone. Olvide a cualquiera que esté conectado con su fracaso. Este paso es el más difícil porque muchas veces somos la víctima de la naturaleza egoísta de los demás; aunque esas personas sean la causa, somos nosotros los que experimentamos el daño. La palabra “perdonar” tiene el sentido de dejar el asunto en las manos de Dios. Deje que Él salde la cuenta. “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).
3. Reenfoque. Ponga su mirada en el Señor. Él es su fuente. Como el autor y consumador de su fe. “Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2), Jesús puede darle la gracia, la esperanza y la fe para creer una vez más.
4. Replante. La Palabra de Dios es la semilla de Él. “Esta es, pues, la parábola: La semilla es la palabra de Dios” (Lucas 8:11). Encuentre una promesa en la Biblia que se aplique específicamente a su situación. Memorice y medite en ese versículo hasta que se convierta en parte de usted.
5. Regocíjese. Festeje la bondad de Dios, quien responde las oraciones con fidelidad. Confíe en que Él seguirá obrando en usted para que tenga el deseo de actuar de acuerdo con Su buena voluntad. “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13).
El Dios de la Creación es el mismo ahora, como lo fue antes. Él continúa estando activo en todo lo que ha creado. Él es el Único que sostiene la vacuidad de nuestro ser en Sus manos, y en este ser el Señor libera la fecundidad de lo divino.
En Contacto © Enero de 2006. Tomo 4, No. 28

|
|
La Humildad - La Promesa
Por Charles F. Stanley.
La naturaleza humana ansía la seguridad. Todos queremos saber con certeza de confianza que, cualquiera que sea la situación que enfrentemos, las cosas nos saldrán bien al final. Es por eso que a menudo las personas mencionan las promesas de la Biblia como sus versículos favoritos. Las garantías que Dios nos da son muy alentadoras porque el Señor siempre dice la verdad (2 Samuel 7:28), y Él es perfectamente capaz de hacer lo que dice (Jeremías 32:17).
Dios incluyó promesas en Su Palabra para darnos paz, y Su propósito es que las reclamemos. Las garantías divinas son para fortalecer nuestra fe en tiempos de prueba. Ellas nos levantan cuando nos sentimos desanimados, nos revitalizan cuando estamos agotados, y nos infunden vigor cuando nos esforzamos para alcanzar una meta.
Algunas promesas bíblicas son incondicionales; es decir, Dios afirma que hará algo, y nada puede impedir el resultado. Vemos este tipo de garantía en Génesis 12:7, en donde el Señor dijo a Abram: “A tu descendencia daré esta tierra”. Sin embargo, muchas veces las promesas de Dios son condicionales; el Señor exige algo de nosotros antes de cumplirlas. Por ejemplo, 2 Crónicas 7:13, 14 nos dice que si nos humillamos, oramos, buscamos el rostro de Dios y nos arrepentimos, entonces el Señor escuchará desde el cielo y sanará nuestra tierra.
En 1 Pedro 5:6, 7 encontramos una promesa condicional que no recibe la atención que merece. Una razón es porque muchos no la comprenden; otra es porque no les gusta la condición asociada a la misma. El pasaje dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.
¿Qué significa ser exaltado? Significa elevar, honrar o agrandar la posición de alguien. El mundo concede honores por una diversidad de logros. El reconocimiento puede ser de un incremento salarial, la alabanza pública, más responsabilidades, o mayor amor y admiración. No hay nada malo en reconocer los logros; nuestro amoroso Padre celestial está a menudo detrás de esta exaltación que nos da el mundo. Debemos entender que lo que hacemos en el trabajo no podemos separarlo de nuestra relación con Jesús. Todos somos siervos del Señor no importa en lo que sirvamos, y como embajadores de Cristo damos testimonio de la calidad de nuestro trabajo en todas las áreas donde nos desempeñamos.
También, Dios tiene otras maneras adicionales de elevar a Sus hijos. Por ejemplo, Él responde cuando oramos. Si nunca ha pensado que una oración contestada es una forma de exaltación, piense en esto: como santos de Dios, todos somos pecadores salvados por gracia. Seguimos teniendo faltas, pero aun así podemos acercarnos al todopoderoso y soberano Señor de toda la creación con nuestras necesidades y peticiones. El hecho de que Él escuche nuestro clamor y que se incline para responderlo, a pesar de lo indignos que somos, es una forma maravillosa de elevar a Sus seguidores. Las respuestas de Dios a nuestras oraciones nos llegan en la forma de más poder y de más energía para llevar a cabo las tareas que Él nos llama a emprender. Él nos da el poder de Su Santo Espíritu para que le sirvamos de maneras que sería imposible con nuestras propias fuerzas. El venir en nuestra ayuda, es otro modo que tiene el Padre celestial de elevarnos.
Pero más que inclinarse para respondernos, Dios anhela una relación íntima y personal con cada uno de Sus hijos. Si el Presidente de Estados Unidos de América deseara tener nuestra compañía todos los días, sin lugar a dudas que nos sentiríamos exaltados. Sin embargo, ¡cuánto mayor es el honor que nos concede el Creador del universo al querer pasar tiempo con nosotros, por medio de una unión inalterable! Es una de las expresiones más maravillosas de exaltación que hace Dios de creyentes, es Su deseo de conformarnos a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). ¿Qué mayor forma de reconocimiento y de amor pudiera Él concedernos, que crearnos a la imagen del Señor Jesucristo?
Por supuesto, la suprema exaltación de los creyentes ocurrirá el día en que termine nuestra vida terrenal y seamos levantados a la presencia de Dios para disfrutar de Su compañía para siempre (1 Corintios 15:52). Mientras tanto, todos deseamos ser exaltados en nuestra situación actual. Es decir, tenemos el anhelo innato de ser cuidados, bendecidos y amados. Todos anhelamos, “tener éxito” en la vida. La mejor manera de lograrlo es que lleguemos a ser la persona que Dios quiere que seamos, y que hagamos lo que Él tiene pensado que logremos. A veces no recibimos lo mejor que Él tiene para nosotros, porque no tomamos en cuenta el pasaje de Primera de Pedro. Observemos cuál es nuestra responsabilidad y cuál es la Suya. Nosotros tenemos primero que humillarnos bajo la poderosa mano de Dios. Someternos al Señor Jesucristo como el amo de nuestra vida, y andar en sencilla obediencia a Su voluntad. Si lo hacemos, Dios cumplirá Su parte de la promesa; es decir, nos exaltará cuando fuere tiempo (v. 7).
Hay tres cosas que debemos notar en cuanto a esta promesa divina. Primero, está condicionada a que nos humillemos ante Dios. Humillarse es lo correcto, ya que el Padre celestial, como el soberano gobernante de nuestra vida, merece reverencia, respeto y sumisión de parte nuestra. Segundo, el Señor nos ama y quiere exaltarnos. Esto es imposible si nos elevamos a nosotros mismos, porque Él aborrece el orgullo y la arrogancia (Proverbios 8:13; 29:23). Tercero, debemos esperar en Dios, confiando en que Él nos exaltará de la manera que quiera y en el momento que lo considere oportuno. El confiar en Dios en cuanto al “cómo” y al “cuándo” puede parecer difícil, especialmente si la persona critica que Él ha ignorado una vieja petición. Lamentablemente, en esos momentos muchos creyentes se inquietan y flaquean en su confianza. Entonces pueden fácilmente perder lo mejor de Dios, por tratar de manejar una situación por sí mismos. La promesa de 1 Pedro 5:6 nos ofrece una palabra de confianza. Dice que debemos humillarnos bajo la “poderosa mano de Dios”.
El Antiguo Testamento utilizaba esta frase como símbolo de la grandiosa omnipotencia de Dios (Deuteronomio 5:15). Es decir, se nos recuerda que no importa cuándo o cómo Dios decida elevarnos, Él es perfectamente capaz de hacerlo. Que nos impiden recibir lo mejor que Dios tiene para nosotros Si el Todopoderoso nos ha dado Su absoluta seguridad de que Él exaltará al humilde, ¿por qué querría alguien elevarse por sí mismo, sin esperar en Dios? Hay varias razones, todas son un impedimento al plan que Dios tiene de darnos lo mejor de Él.
La impaciencia. El pensar: Si no lo hago ya, nunca lo tendré, revela un enfoque en las circunstancias, no en la mano todopoderosa de Dios. Observelo que Dios ha hecho para usted en el pasado. Después de esto, entenderá que Él puede hacer lo mejor para usted, si le permite que Él controle la situación.
La inseguridad. El pensar que dice: “Necesito tener esa posición; no veo cómo puedo vivir sin ella”, puede liquidar su confianza y llevarle a un estado de pánico.
Una crisis de identidad. Para algunas personas la sensación de su valor está equivocadamente vinculado con el lugar y la casa en que viven, con el auto que manejan, con la marca de ropa que usan, y cómo los ven las demás personas. El ser consumidos por el estatus las lleva a esforzarse por ser el primero ante sus propios ojos. Pero, ser un hijo de Dios es mucho más grande que todo lo demás. Y lo que Él le tiene reservado a usted, supera con creces cualquier símbolo de estatus terrenal.
La ignorancia en cuanto al modo de obrar de Dios No conocer el modo de obrar de Dios puede llevar a apresuramientos y al manejo de los asuntos sin tomarlo en cuenta a Él. Cuando se abandonan a sus propios planes, muchos tratan de exaltarse a sí mismos mediante la relegación de otras. La verdad es que no habrá paz ni felicidad si la exaltación no viene de Dios. La ignorancia de la voluntad de Dios. Siempre es sabio preguntar a Dios: “Señor, ¿qué quieres Tú en esta situación?”, pero muchos no tienen en cuenta Su voluntad, y más bien le piden que bendiga los planes que ya han elegido. No espere que Dios esté en los planes que usted mismo ha inventado.
La impulsividad. Cuando se nos presenta una oportunidad, un mejor empleo, podemos tratar de decidir primero qué piensa Dios al respecto. Aunque un ascenso pudiera muy bien ser Su bendición, un cambio que no está en Su plan puede causarnos una gran tensión.
Motivos no puros. Si una persona se exalta a sí misma por ambición o por codicia, Dios no bendecirá sus esfuerzos. Del mismo modo, los deseos por una falta de gratitud por lo que ya tiene, es desagradable a Dios.
Él no honrará a esa persona.Si una persona se exalta a sí misma por ambición o por codicia, Dios no bendecirá sus esfuerzos. Del mismo modo, los deseos por una falta de gratitud por lo que ya tiene, es desagradable a Dios. Él no honrará a esa persona. Talvez las cosas no están saliendo como usted espera. Si es así, en vez de estar ansioso y de manipular las circunstancias, crea lo que Dios le dice. Examínese a sí mismo para ver si hay arrogancia en alguna área que no ha considerado. Venga delante de Dios en una actitud de total sumisión a Él, y dígale: “Señor, yo creo que Tú harás exactamente lo que promete Tu Palabra. Estoy dispuesto a renunciar a mis deseos, a mi voluntad y a mis propósitos, confiando en que Tú eres mucho más sabio que yo”. Por el amor sin límites que Él tiene por usted, el Señor hará lo que sea más conveniente para su vida. Humíllese delante del Señor, y confíe en que Él le exaltará en el momento que Él decida.
En Contacto © Febrero de 2006. Tomo 4, No. 29
|
|
El esplendor de la fidelidad
Por Elizabeth George.
Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos [...] Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Esta sí que tiene mucho valor delante de Dios. 1 Pedro 3:3-4
Mary Jane es la pianista de mi iglesia, y no sólo he tenido el privilegio de escucharla tocar el piano durante veintisiete años, sino también de observar su vida. ¿Sabes?, el «lugar» de Mary Jane en nuestros cultos de adoración está en la plataforma. Es una gran plataforma, y muy notoria: justo allí en lo alto delante de todos y justo allí bajo luces resplandecientes. Y allí se sienta Mary Jane. Ese es su lugar.
Y, sin embargo, tengo que decirte que casi ni me percato de Mary Jane. (Y, como pronto verás, ¡esto es un elogio para ella!) ¿Por qué? Porque Mary Jane sirve al Señor. No actúa. La misma Mary Jane es adoración al Señor. Está «actuando» en su servicio al Señor. Y está en su presencia. Ella sabe eso, y de algún modo nosotros en la congregación lo sabemos tambíén. Su comportamiento es sagrado porque su papel es sagrado y su adoración es sagrada.
Durante años (porque nunca me había encontrado con ella) nunca le escuché decir una palabra a Mary Jane. Y hay algunas otras cosas que también desconocía. En veintisiete años de observarla en la plataforma, nunca la he visto hacer una entrada «majestuosa», aunque sube y baja los escalones de la plataforma de adoración cada semana. Debido a su condición, y debido a la solemnidad de la ocasión del culto de adoración, a duras penas reparo en Mary Jane.
Y entonces un día conocí a Mary Jane. Ahora la conozco bastante bien. ¿Y sabes qué? Todo acerca de su vida privada se ajusta con la imagen que veo en público. Es una dama. Es amable. Se preocupa por otros. Confía en el Señor y en los papeles que Él le ha dado en el hogar, en la iglesia y con los pequeños a los que enseña en la escuela. Desde luego, es simpática y es divertido estar con ella, pero posee una silenciosa seriedad, una seriedad arraigada en lo que es (una hija de Dios) y en lo que hace con su vida (le sirve a Él en todo lo que hace).
Le doy gracias a Dios con regularidad (y de seguro cada domingo) por Mary Jane. En ella Él me ha dado un ejemplo vivo de una mujer que me muestra muchas maneras de responder con fidelidad al supremo llamado de Dios a la piedad, y comportarme y conducirme de forma que le honre y le represente bien.
Padre siempre fiel... Gracias que a ti te interesa más la piedad que la buena apariencia. Permite que sea fiel a fin de adorarte en espíritu y en verdad, de modo que te represente de una manera honorable.
Tomado del libro Palabras de Aliento para Una mujer conforme al Corazón de Dios, Por Elizabeth George.
|
|
|